No perdamos la batalla ante la intolerancia

La intolerancia persigue como presas a los salvadoreños, que a diario caen en sus garras protagonizando peleas, riñendo de carro a carro o insultándose de casa a casa.

El último caso es el de un salvaje que con lujo de barbarie le echó encima el bus a una pobre mujer que le reclamó porque el sujeto le abolló su vehículo.

No quiero hacerlo ver como un consuelo, porque la violencia debe ser desterrada de aquí, pero se trata de un problema universal, aunque en algunas partes es más intenso.

En China, un alto mando del Partido Comunista, identificado como Yan Linkun, enloqueció luego de perder un vuelo en el aeropuerto de Changshui, en la provincia de Yunnan.

Las cámaras registraron cómo el sujeto, quien se desempeña como asesor político, en un arranque de ira ataca primero a una empleada de la aerolínea y luego se dedica a destrozar todo lo que encuentra a su paso, incluyendo micrófonos y computadores y hasta intentó destruir, sin éxito, las puertas de vidrio.

Según informó The Wall Street Journal, posteriormente el iracundo, quien era vicepresidente de la compañía Yunnan Mining, emitió un comunicado en el que se disculpaba de su conducta, pero esto no evitó que fuera acusado de abuso de poder y ahora enfrenta la expulsión del gobernante e implacable Partido Comunista de China.

Ciertamente es frustrante perder un vuelo o ver la impunidad con la que actúan algunos conductores o buseros en la calle o los "animalitas" en las filas, pero hay que armarse de paciencia y no perder los estribos.

A veces, cuando parece que perdemos, realmente ganamos, pues tampoco sabemos si al perder un vuelo o una oportunidad nos evitamos un accidente o una contrariedad peor.

De pequeño me enseñaron que contara hasta diez y recordara a mis seres queridos o pasajes bellos de mi vida o una canción que animara. A los aprovechados y a los sinvergüenzas no hay que enfrentarlos con sus mismas armas ni caer en su juego, sino con la razón y la inteligencia.

Siempre habrá uno que busque provocarnos y hacernos caer en el fango de locura en que él se encuentra, pero es fácil salirle adelante no haciéndole el juego. Evitar no es cobardía. Es bueno recordar aquella oración que tanto difundían los Neuróticos Anónimos: "Dios nos conceda serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar; valor para cambiar las cosas que podamos, y sabiduría para reconocer la diferencia...".

La violencia nunca solucionará nuestros problemas, sino que los profundizará. Si así hubieran pensado, vigilantes no estarían en la cárcel por matar a personas que discutieron con ellos, o maridos celosos o impulsivos no habrían ultimado a esposas e hijos y buscado suicidarse después o no habría tantos desmanes de buseros prepotentes y maleducados.

Lo más triste es que después están arrepentidos, pero ¿cómo le devuelven la vida a quien han victimizado?

En este punto, también las autoridades tienen que hacer justicia con rigor, principalmente en casos en los que ha habido lujo de barbarie como en el del busero que arrolló a la señora. No sería justo ni moral que venga un juez improvisado a alegar que "no hubo autopsia" o "no le leyeron sus derechos al reo" y por eso el hecho quede en la impunidad. Esos son vicios de finales del siglo pasado que ya los buenos jueces salvadoreños han desterrado con fallos ejemplarizantes a masacradores y pandilleros.

Al protagonista del incidente en Yunnan no le sirvió después la disculpa y, con conocimiento de causa porque he estado allí, puedo decir que la justicia china es implacable y los castigos pueden incluir desde la expulsión del partido y la pérdida de empleo y otros beneficios, una especie de "muerte civil". Algo que pudo evitarse respirando hondo y contando hasta diez…

*Editor Subjefe de El Diario de Hoy.

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