Un nuevo papa para una Iglesia nueva

A mis lectores católicos un consejo: infórmense todo lo que quieran de lo bueno que los medios dicen del nuevo papa, pero lo mejor que pueden hacer por él, ya se lo dijo él mismo a la multitud que abarrotaba la plaza y la Via della Conciliazione: que rezaran por él. Yo añado: rezar por Francisco, mucho y con mucha fe. Eso es lo que más necesita todo papa de todos sus fieles católicos. Después, cuando comience a gobernar, obedecerle con alegría, que es uno de los mejores ejercicios de la libertad personal y el primer paso para amarle, si es que todavía no le aman.

A mis lectores honestos, buenos, pero que no son católicos, que vean las cualidades humanas de Francisco: su humildad, su sencillez, su amplio y sensible sentido social y su valiente enfrentamiento ante la acechante dictadura que la cultura de la mentira y de la muerte va imponiendo en los países débiles; El Salvador está entre ellos. Con la complicidad de nuestro gobierno, tratan de imponernos, a través de la hipócrita salud sexual y reproductiva, el derecho al aborto, la legalización de las uniones homosexuales como si fueran matrimonios, la fácil adopción de niños por parejas homosexuales y otras perversiones que destruyen lo mejor de nuestra civilización humana.

¿Un nuevo papa para una Iglesia nueva? Sí, si se entiende bien lo de nueva. La Iglesia católica es como un árbol: o crece, o muere. Tiene sus raíces firmemente asentadas en el mandato de Jesucristo --el depositum fidei-- y el tronco robusto y firme de Pedro y sus sucesores. No pueden cambiarse ni sus raíces ni su tronco, porque moriría. Tampoco admite injertos de árboles extraños, pero como es un árbol vivo, sí cambian sus ramas. Algunas de ellas envejecen, mueren y desaparecen; otras nuevas salen y se robustecen. Y sus frutos deben ser cada vez más abundantes y jugosos. El mundo los necesita.

Con San Pablo gran parte del cristianismo estaba en lo que ahora es un país musulmán: Turquía. San Agustín era africano de la actual Argelia. Y pronto todo el cristianismo del norte de África desapareció, primero por los vándalos, después por los musulmanes. El cristianismo se extendió después por toda Europa y más tarde por todo el continente americano. Ahora Francisco guiará a una Iglesia con el mayor crecimiento de su historia en el último siglo.: En 1910 eran 291 millones, en 2010 subieron a 1.100 millones. Pero geográficamente está sufriendo un gran desplazamiento. Hace un siglo el 70% de los católicos estaban en Europa y en Norteamérica, hoy allí son sólo un 30% del total. América latina creció en un siglo de ser 70 millones a 425 millones. En Asia y Oceanía, en ese mismo tiempo, pasaron de 14 millones a 131 millones. En África del norte los cristianos son mínimos, pero en el África subsahariana, en 1910 los católicos apenas llegaban al millón. En el 2010 ya eran 171 millones y siguen creciendo. Más de los dos tercios de los católicos hoy viven en América Latina, Asia y Oceanía.

Los cambios demográficos y el desplazamiento de su Iglesia hacia el hemisferio sur no son los únicos retos que encontrará Francisco en su mandato. La Iglesia tiene una misión perenne que abarca todos los pueblos, todas las épocas y culturas, pero su mensaje debe hacerse respetando la libertad de las personas porque Dios mismo la respeta. No puede imponerse por presiones o un juego sucio como el de la cultura de la muerte. Debe ofrecer la verdad, mostrarla en el modo personal de vivir y conquistar con el amor.

Benedicto XVI describió las resistencias más importantes que el mundo actual presenta contra la Iglesia. Francisco, ya como obispo, las enfrentó valientemente, pero también zarandea recio a los católicos que quieren quedarse tranquilos en su casita, en su mundo pequeñito, desentendiéndose de los demás.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

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