OTROS EDITORIALES

La economía que no crece

Por Manuel Hinds* Jueves, 14 de Marzo de 2013

Durante los años noventa y hasta el 2003 la economía salvadoreña creció más rápidamente que el promedio de Latinoamérica. A partir de esa fecha comenzó a crecer menos. Como resultado, el producto por habitante de El Salvador, que en 1990 había sido igual al 58 por ciento del promedio de América Latina llegó a ser igual al 72 por ciento de dicho promedio en 2003. Pero en 2004 comenzó a caer tan rápidamente que para 2011 había regresado a ser lo que era 20 años antes, 57 por ciento del promedio latinoamericano. La pobreza, que había disminuido a la mitad, de 62 por ciento a 30 por ciento de la población, volvió a subir y está ahora casi en 50 por ciento.

Hay cinco cosas que explican este retroceso: Primero, América Latina comenzó a crecer más rápido en 2004 por el boom de productos primarios que comenzó en ese año, ya que la mayor parte de los países de la región dependen de esos productos en sus exportaciones. Las exportaciones salvadoreñas son principalmente industriales. En los últimos cinco años, los productos primarios han representado sólo el 8.5 por ciento de nuestras exportaciones. Como resultado, el país se ha beneficiado poco del boom de los productos primarios que benefició a los otros países latinoamericanos. Otros países que exportan principalmente bienes industriales (como México) también crecieron menos que el resto de la región. Pero esto no es la historia entera porque el crecimiento anterior no tenía que ver con los productos primarios sino con la industria y los servicios.

Segundo, la incertidumbre política desanima la inversión substancialmente. En promedio, la inversión en América Latina representa entre el 20 y el 24 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). En El Salvador representó cerca del 20 por ciento en los años noventa. Hoy representa entre el 12 y el 14 por ciento. En las dos décadas antes de las elecciones de 2009, la inversión caía cuando se acercaban las elecciones y subían después de ellas, como una manifestación del miedo que la posibilidad de la elección del FMLN producía en los inversionistas. Desde 2009, cuando el FMLN fue electo, la inversión cayó y no volvió a levantarse.

El tercer factor es el lenguaje abusivo, agresivo, insultante que usa el gobierno para referirse a los inversionistas. Nadie puede esperar que haya inversión si los ataques verbales son pan de cada día.

El cuarto factor es la caída en la competitividad del país. Todas las medidas de competitividad disponibles --los indicadores de la libertad económica del Wall Street Journal y la Heritage Foundation; el índice de competitividad del Foro Económico Mundial y el Doing Business del Banco Mundial-- han caído entre veinte y treinta puestos en el mundo. Esto ha sido consecuencia de los crecientes obstáculos que la también creciente burocracia han creado para justificar su existencia. Cada vez es más difícil invertir y relacionarse con el Gobierno.

El quinto factor es que el Gobierno ha perdido todo trazo de responsabilidad fiscal y la deuda ha subido enormemente. De ser uno de los países con menor deuda como porcentaje del PIB en la América Latina ahora estamos entre los peores del continente. El populismo del Gobierno desanima aún más a los inversionistas, que ven que no hay un Gobierno serio a cargo del país.

El resultado final es que la pobreza ha aumentado sustancialmente.

Esta decadencia desmoraliza al país. No hay necesidad de sentirse así, sin embargo. Todos estos factores, menos el de los productos primarios, pueden revertirse, y en el largo plazo el hecho que El Salvador dependa de exportaciones industriales en vez de productos primarios es una ventaja, que todavía está en el futuro para la mayor parte de la región. Para revertir los otros factores, tenemos que entender que los gobiernos populistas tienen un costo altísimo, y que llevan a El Salvador al pasado, no al futuro.

*Máster en Economía Northwestern University. Columnista de El Diario de Hoy.

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