Un ladrillo más para la pared

La canción "Another brick in the wall" (Un ladrillo más para la pared) de la banda británica de rock Pink Floyd, refleja el tono del debate sobre la educación en los años setenta: "No necesitamos educación/ No necesitamos control mental/ No más oscuros sarcasmos en las aulas/ Hey profesores, dejen a los niños en paz/ Después de todo, no son más que otro ladrillo para la pared".

Al otro lado del océano y de manera más seria, el filósofo marxista Paulo Freire había escrito un ensayo titulado: "Pedagogía del oprimido" (1970), donde critica la llamada educación bancaria que predominaba por esos tiempos.

En este esquema, según Freire, el profesor no solo lo sabe todo, sino que es el único que sabe. El alumno no sabe nada y su papel se limita a recibir los datos que le da su educador, memorizarlos y repetirlos sin ninguna actitud crítica.

El corazón del ensayo del pedagogo brasileño se encuentra en este párrafo lapidario: "En la visión bancaria de la educación, el conocimiento es una donación de aquellos que se juzgan sabios a los que se juzgan ignorantes. Donación que se basa en una de las manifestaciones instrumentales de la ideología de la opresión: la absolutización de la ignorancia según la cual esta se encuentra siempre en el otro. Esta educación refleja la sociedad opresora siendo una dimensión de la cultura del silencio".

Hay que contextualizarlo todo. Hasta los años sesenta, predominaba en Occidente, casi sin cuestionarse, el modelo que situaba al profesor como el centro de todo el proceso de educación y aprendizaje.

Además América Latina vivía tiempos de dictaduras militares. Los movimientos libertarios que sacudieron Europa en los años sesenta y el auge de los movimientos de masas y las guerrillas en América Latina, hicieron, entre otras cosas, que la mirada se volviera hacia los sistemas educativos.

La tal educación bancaria fue sentada en el banquillo de los acusados, por tirios y troyanos, y condenada a muerte. Por todos lados se introdujeron cambios que tenían el propósito de fomentar la participación crítica del alumno en el proceso de educación y aprendizaje.

Hubo incluso reacciones extremas como la propuesta del famoso internado británico de Summerhill, que suprimió toda norma y toda regla en el internado, en nombre de la tolerancia.

El método de Summerhill era extremo. No había exámenes, ni deberes, ni notas. La asistencia era voluntaria y la vida escolar era regida por las decisiones de los alumnos en asambleas. Luego de un gran auge a finales de los años sesenta, el experimento resultó en un contundente fracaso.

Además de alumnos deficientemente preparados, se dieron abundantes casos de adicción a drogas, violencia y embarazos de adolescentes, por decir algo.

A mí me agarró la reforma educativa justamente al terminar el sexto grado. De manera que en vez de ir a primer curso de Plan Básico, tenía que ir a séptimo grado de primaria.

Ciertamente en mis primeros seis años de estudio tuve que memorizar las capitales y los nombres de los ríos y montañas más importantes del mundo. A los 12 años era capaz de señalar en un globo terráqueo con mucha precisión el cauce del Guadalquivir, El Cañón del Colorado o la ciudad de El Cairo.

Pero no sólo eso, también me enseñaron en esos años, teorías sobre el origen del universo y la vida, me mostraron en preciosas láminas las obras de Leonardo, Rafael, Miguel Ángel y demás súper astros del renacimiento y hasta había memorizado sus biografías.

Mi maestra de cuarto, quinto y sexto, la inolvidable doña Juana Clelia de Moreno captaba toda mi atención, cuando relataba el asesinato del príncipe Fernando en Sarajevo como la chispa que desató la Primera Guerra Mundial.

No digo que haya que volver a esquemas pasados. Pero el desconocimiento alarmante de muchos profesionales no sólo en cuanto a Historia y Geografía, sino también en la forma de expresarse tanto a nivel oral como escrito, merece una honda reflexión sobre los sistemas educativos, sobre todo por el desfase en nuestro país entre la demanda del mercado laboral y el producto que entregan las universidades. (Continuará).

*Columnista de El Diario de Hoy.