Niñas: presas fáciles

El flagelo de abuso sexual que afecta al país presenta dos ineludibles realidades: la primera es que las niñas son las más vulnerables y constituyen presa fácil. La segunda, es que, irónicamente, la mayoría de casos de abuso sexual de niñas se comete precisamente donde deberían de ser protegidas: en los hogares y en las escuelas.

La primera realidad se respalda con las estadísticas oficiales, sean del Instituto de Medicina Legal o de la Policía Nacional Civil, ya que ambas corroboran la misma conclusión. En promedio, entre los años 2010-2012, del total de casos de abuso sexual, aproximadamente 84% se dio en población menor de 19 años, mientras que aproximadamente 76% del total de casos se registró en niñas y adolescentes femeninas.

La segunda realidad se basa en estudios de UNICEF, que estiman que siete de cada diez niños y niñas viven en hogares donde han sufrido alguna forma de violencia física, sexual o emocional. Los datos de una reciente línea de base elaborada por Oxfam y UNICEF, en 720 estudiantes de 12 centros educativos en los municipios de Santa Tecla y San Marcos, confirman que el acoso y abuso sexual son realidades cotidianas en las escuelas, con las niñas siendo las principales agredidas.

El Salvador ha avanzado mucho recientemente en materia de legislación proactiva y propositiva: la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación de la Discriminación contra las Mujeres y la Ley Especial para una Vida Libre de Violencia. El enorme respaldo público y político a estas leyes es patente, y necesario. El liderazgo del Presidente de la República y de la Primera Dama y Secretaria de Inclusión Social, es innegable y merecedor del más fuerte reconocimiento nacional e internacional.

Las mujeres, hoy en El Salvador, tienen un marco normativo que les brinda protección y que ha motivado un aumento importante en la tasa de denuncias de violaciones contra su persona e integridad. Este punto es central, pues mientras más mujeres denuncien, menos niñas serán abusadas, y gradualmente los hogares y escuelas se convertirán en protectoras de sus niñas.

Pero un cambio de paradigma todavía es necesario, pues la vulnerabilidad de las mujeres no comienza cuando cumplen su edad biológica de mujer a los 19 años. No, su vulnerabilidad comienza como niña, y los abusos sufridos como niña son una antesala para los abusos que continúa sufriendo como adolescente y luego como mujer.

Brindar a las mujeres su merecida protección jurídica y empoderamiento político y económico es una deuda en construcción; resta aún la deuda de construir una sociedad más justa e incluyente que proteja los derechos de todas las niñas.

Así que si las niñas no están seguras ni en sus casas ni en las escuelas, ¿dónde lo estarán? Tres transformaciones podrían garantizar que las niñas en El Salvador no tengan su niñez truncada: La primera es la urgencia de reprogramar el "chip" de la masculinidad: violar a una niña o pegarle a una mujer, no son símbolos de hombría. Los hombres somos parte del problema, por lo tanto tenemos que ser parte de la solución. La segunda, transformación es pasar de ver a las niñas como sujetos de caridad y posicionarlas como el eje central de la política de desarrollo. Finalmente, la pasividad ciudadana y sanción social ante el abuso sexual de niñas, son temas de reflexión y debate profundo. Pero ahora, no mañana.

*Representante de UNICEF

en El Salvador.

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