El mecenazgo del arte por políticos requiere de transparencia

Probablemente pocos saben quién es Cayo Cilnio Mecenas, aunque muchos más conocerán qué significa el término mecenazgo. Por las dudas y para marcar la cancha, me refiero a ambos. Cayo fue un político romano, nació en Arezzo, probablemente en el año 69 antes de Cristo y murió 39 años después; fue consejero de César Augusto, pero su notoriedad proviene no de su talante político sino porque era un rico y noble que dedicó gran parte de su riqueza y su talento al apoyo de los jóvenes dedicados a la poesía.

Probablemente, y así lo dicen los textos de historia, el haber acogido en su villa de Tívoli, a insignes poetas como Horacio y Virgilio, entre otros, hizo que el nombre trascendiera lo particular.

Este hecho, que sin duda no habrá sido exclusivo de este noble, se convirtió en ejemplo y en paradigma de una práctica mucho más amplia en el Renacimiento, cuando no sólo se apoyó y financió a poetas y, en general, a los creadores de conocimiento y ciencia, sino que además se transformó en una institución donde de lo personal se dio paso a lo institucional; la iglesia pero también la clase política y la empresarial se han convertido en los grandes mecenas de la edad moderna.

El descubrimiento de la razón y la racionalidad que dio paso al conocimiento científico moderno, aunado al desarrollo del arte como expresión de ese nuevo espíritu en el que el hombre reencontró su sitió en el universo, dejando atrás el oscurantismo de las "brujas", permitió que el mecenazgo se desarrollara a pasos agigantados.

En la actualidad el mecenazgo se ha convertido en una institución, como muchas otras prácticas de la sociedad, con gran desarrollo no sólo para financiar con técnicas modernas, para apoyar el arte y la ciencia a través de organizaciones y fundaciones, sino también para desarrollar incisivos programas educativos y sociales de fomento especializado para las nuevas generaciones.

El mecenazgo ahora abarca otras áreas de la cultura e incluso el deporte y es entendido por propios y extraños como una forma técnica, especializada de apoyar material, financiera y humanamente a la producción del conocimiento y el esparcimiento de la conciencia del hombre moderno.

En esta lógica, que los señores diputados, la misma Asamblea Legislativa, el gobierno o cualquier otra fundación u organización no gubernamental sin fines de lucro puede asumir la labor de mecenazgo en bien del arte y la ciencia; es más, diríamos sin lugar a equivocarnos que sin estas organizaciones gran parte del arte y la cultura caminaría con mucha más lentitud.

Esto explica que los artistas, en sus muy diversas y diferentes expresiones, bastante olvidados y marginados por la falta de políticas claras de parte del Estado, que supuestamente está enfocado en otras prioridades, hayan visto con buenos ojos que la Asamblea Legislativa, dedique varios miles de dólares a la compra de obras de arte.

El punto, no es este, y me sumo a esta iniciativa de los señores diputados: en lugar de comprar regalitos y baratijas, e incluso ricas viandas y licores para degustar en sus reuniones sociales y de trabajo que llevan a cabo los diputados, el destinar unos 150 mil dólares a la compra de pinturas y esculturas, no sabemos cuánto han gastado los años anteriores, es loable, digno de aplaudir.

El punto criticable, que se aleja del verdadero espíritu del mecenazgo, es que no existe transparencia no sólo en la compra sino en el "uso" de esas obras de arte que pueden ir a parar a la residencia de cualquier diputado.

Todavía más, que se trate de obras de arte que "iluminan" los pasillos del palacio legislativo pero que, en ningún momento, forman parte de una estrategia de fomento de la cultura, amén de ser materia para ilustrar calendarios y agendas impresos con cierto lujo pero donde pareciera que resalta el culto a la personalidad.

Ser mecenas con el dinero de los contribuyentes es relativamente fácil, lo difícil es que como persona, como partido político o como organización se adquiera el compromiso de financiar el arte, la cultura y la ciencia.

Diferente es la práctica de organizaciones privadas, no lucrativas, que calladamente apoyan a hombres y mujeres dedicados al arte con la única finalidad de hacer que el espíritu crezca y se plasme en una pintura, en una escultura, en una pieza musical o en la investigación científica.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

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