OTROS EDITORIALES

Inició la Cuaresma

Por Juan Valiente* Martes, 5 de Marzo de 2013

Hace tres semanas inició la Cuaresma y estamos ya muy cerca de la celebración de la Semana Santa. La Cuaresma debe ser un tiempo muy especial para los cristianos, porque es un tiempo que promueve un cambio personal que debería llevarnos a actuar y a sentir como Cristo.

Muchos anduvimos con la cruz de ceniza en la frente sin que haya habido ya cambios reales en nuestra vida, ni siquiera claras intenciones. No dudo que muchas personas aprovecharán genuinamente este período para profundizar en el conocimiento de sí mismos y para iniciar procesos de mejora que los acerquen al ideal cristiano.

Con la Cuaresma da comienzo un período de ayuno, limosna y oración. Nos cubrimos la frente de ceniza, colgamos rosarios del espejo retrovisor, andamos calcomanías pegadas en el carro, la magnífica en la cartera y nada cambia realmente para nuestros hermanos más necesitados.

La Cuaresma es un período de cuarenta días de preparación para la nueva vida. Ayuno, limosna y oración deben ser los pilares del proceso personal de conversión que nos debe acercar a como Cristo fue. Debemos vivir un proceso de renovación y limpieza para poder celebrar y renacer junto al Señor a una nueva vida.

Si logramos vivir este tiempo en consciencia de nuestra necesidad de cambio y si este cambio comienza a impactar la vida de los demás, especialmente los más pobres, entonces habremos adquirido el derecho de celebrar con Cristo la vida nueva.

La ceniza ha sido históricamente un símbolo de un proceso personal de humillación y penitencia. ¿Cuántas cuaresmas estiman que hemos vivido a consciencia? ¿Y qué tanto ha cambiado realmente nuestra vida?

A veces pareciera que nos contentamos con la simbología y lo superficial. No debemos contentarnos sólo con ponernos ceniza, sólo con no comer carne los días viernes y ofrecer pequeños sacrificios personales como dejar de comer pan dulce o no tomar gaseosas. Lo importante es cómo cambiamos nuestro interior. Podríamos incluso no hacer nada de lo anterior, pero si cambiamos nuestro sentir y nuestro actuar el Señor estará más que satisfecho.

No es necesario ponerse ceniza para vivir una vida humilde y sobria. No es necesario no comer carne los días viernes para compartir con los demás lo de mi mesa, pero no lo que me sobra, si no que hasta lo que necesito. Es quizás mejor comer carne en Cuaresma que hartarse con los mejores manjares los días en los que debemos internalizar el significado de la penitencia.

Es más importante cambiar de verdad que comer los días viernes una buena crema de mariscos, una langosta o un filete de salmón o atún.

Este es un tiempo litúrgico precioso y tenemos que aprovecharlo a fondo. Nos da una nueva oportunidad para que todos los cristianos reflexionemos sobre el significado que debería tener su celebración y que nos preparemos adecuadamente para ella. Debo responder a la interrogante de qué debo hacer en mi vida para parecerme cada día más a Jesús.

Lo importante es reflexionar sobre cómo viviríamos si tuviéramos la certeza de recibir a Jesús en su segunda venida y comenzar lo antes posible a hacer los cambios en nuestras vidas.

Con tanta desgracia a nuestro alrededor, la fragilidad de la vida se siente a flor de piel y el llamado a empezar a cambiar se percibe con urgencia.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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