OTROS EDITORIALES

La fe de Ulises

Por Julia Regina de Cardenal* Miércoles, 13 de Febrero de 2013

Apesar de la tentación de escribir sobre cómo los "albistas" engañan a los más necesitados; de la indignación con los que se esconden detrás del fuero para calumniar a sus críticos, pero demandan injustamente al señor Jiménez, persona honorable que valientemente lucha por nuestro país; de la cantidad de leyes arbitrarias que pasa el FMLN con sus aliados; del Papa..., he decidido compartir esta carta escrita por un pequeño niño de 11 años con leucemia, que nos da una enorme lección sobre el valor incalculable de unir el sufrimiento a los padecimientos de Cristo:

"Hola, soy Uli, estoy escribiendo porque siento que tengo que…sé que algunas cosas en la vida se ven mal pero por algo lo hace Dios. Yo cuando tenía nueve años me dio cáncer, pasé quejándome ¿por qué a mí? Yo siempre he rezado…pero después entendí que no era un castigo, que Dios se había fijado en mí, en mi familia, sabía que necesitábamos acercarnos a Él para tener una vida mejor, por eso me eligió a mí, porque soy el más pequeño de mi familia y sabía que iban a cambiar si me veían pasar por esto. Todas las noches rezaba pidiéndole a Dios más fuerza para seguir adelante y Él me la daba. Él nunca me dejó, siempre estuvo ahí y se lo agradezco porque ha cambiado mi vida, no sólo la mía, mis familiares, amigos, personas y hecho un gran cambio. A los diez años me dijeron que se había acabado, fue el día más feliz, celebré la Navidad, di gracias y todo, pero a los seis meses me detectaron que había regresado. Me puse triste, otra vez pasar por eso, sólo que esta vez no la podían tratar. Tenían que hacerme un trasplante de médula, pero no piensen aquel tipo de trasplante de cambiar algo, no, sólo era un líquido de una mujer que había dejado que le sacaran ese líquido. Se lo agradezco de corazón. Bueno, me lo pusieron y todo… después vinieron muchas cosas y me volví a sentir solo, pero eso no quería Dios y empecé hablar con Él… y poco a poco cosas iban pasando, no eran fáciles, dolían pero tenía que confiar en Dios, gracias a mi mamá, mi papá, mi tío, en especial a mi tío José, porque él nos ayudaba a entender por qué pasaba y yo dejé de tener miedo. Ahora tengo once años, ya estoy terminando porque Dios ya me lo prometió, sólo estoy pasando lo último y quiere que siga porque serán mis últimos días en el hospital. Lo feo es que en mi país no podían tratarme esta enfermedad, por eso tuve que viajar, eso era lo que me ponía triste, no ver a mi familia, pero Dios me prometió que todo iba estar bien y sí todo estuvo bien, nunca me dejó y eso es por lo que escribí, no tengan miedo a Dios, Él no les va hacer daño, créanme, gracias a Él mi vida ha cambiado y voy a usar esta experiencia para ayudar a todos los niños que pasen por esto y por favor nunca duden, yo lo hice pero Dios no se enoja, sabe que no somos perfectos, pero nunca dejen de tener fe por favor. Gracias y crean que el poder está en Dios y en ustedes, sólo tengan fe".

Cuatro meses después de escribir esta carta, Ulises falleció. 15 días después de su primera comunión.

Esta Cuaresma --en el año de la fe-- al sufrir dolor, humillaciones, fracasos, injurias, contradicciones… profundicemos en la inujsticia de la pasión y muerte de Jesús, quien entregó toda su sangre por nosotros. Ofrezcámosle mortificaciones y sacrificios sirviendo a los demás, tratando de hacer la vida más agradable especialmente a los más cercanos. Que las pruebas y penalidades no sean inútiles, sino un tesoro redentor que alivia y fortalece el alma para llevar con paz y alegría, confiando en la misericordia divina.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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