Alta hora de la noche

Como en el titulo del gran poema de Roque Dalton, pero sin nada de poético, sino más bien patético, el FMLN y sus aliados GANA y PCN, aprobaron unas reformas a la Ley de Acceso a la Información Pública, que deja sin sentido de ser a la mencionada normativa. El madrugón pone en evidencia al partido gobernante como "copión" de todas las malas mañas de quienes los precedieron.

Conociendo al FMLN y sus largas discusiones para sopesar una decisión tan delicada como la que tomaron al promover tales reformas, uno se pregunta, como aquel famoso entrenador de fútbol ¿por qué? ¿Qué poderosas razones los llevaron a exponerse de tal manera en un año preelectoral? ¿Qué quieren esconder bajo el denso velo de la opacidad con la que pretendían cubrir la Ley de Transparencia?

Fue un mal cálculo político. Quizá sobrevaloraron su ascendencia sobre la sociedad, o menospreciaron la inteligencia de ésta. O las dos cosas. Lo cierto es que la reacción de los más representativos sectores de la sociedad civil (entendida ésta como personas y grupos que están fuera de la administración pública y sin vinculaciones orgánicas partidarias) rechazaron la pretensión. En tiempos de twitter, los madrugones ya no son lo que eran.

Líderes de opinión y tanques de pensamiento de todo signo, la iglesia, gremios profesionales y conocidos líderes de organizaciones juveniles, en donde destaca, hay que decirlo, Sergio Rodríguez Ávila, han coincidido en señalar que las reformas promovidas, mientras dormíamos, por el FMLN y sus aliado, son un retroceso.

Desde las primeras horas del viernes de la semana pasada, las redes sociales eran un hervidero de opiniones negativas hacia la actitud del FMLN y de su candidato. Y hay que apuntar que lo que se dice a través de las redes sociales, sobre todo en los famosos 140 caracteres de Twitter, resulta ser muy parecido a las frases que se dicen en los "grupos de enfoque", los estrategas electorales del FMLN se percataron y de inmediato encendieron las luces de alarma… rojas. Si rojas, claro.

Y allí comenzó uno de los enredos políticos más cómicos de los últimos tiempos. Primero aprueban una reforma amparados bajo la odiosa modalidad del madrugón. (Por cierto el diputado Reyes prometió, citando a monseñor Romero, que eso nunca volvería a pasar). Luego la sociedad reacciona duramente contra la iniciativa.

El Presidente recibe la ley para que la sancione o la vete. (Alguien escribió un tuit muy ingenioso: "Presidente vete"). Roberto Lorenzana se echa para atrás y dice que pueden rectificar. Sanchéz Cerén, el candidato del partido que promovió la reforma, pide al Presidente ¡que la vete! y el Presidente afirma que lo pensará.

El enredo me recuerda a una escena de la película "Mentiroso, mentiroso" (Liar, Liar) en el que Jim Carrey personifica a un abogado que por una maldición temporal no puede mentir, afirma algo en la Corte y, de inmediato, ante el asombre del juez y los jurados, el mismo grita ¡Objeción! Eso hace Sanchéz Cerén. Promueve las reformas y horas despúes pide que las veten.

Pero quien se lleva el Oscar, el Grammy, el balón de oro y cualquier otro premio en la categoría argumentación política cínica es Orestes Ortez, quien dijo "que las reformas son necesarias" pero que "la sociedad no ha madurado para que hayan condiciones de comprender mejor los alcances de cómo está la ley ahora".

Resulta que somos todos, el resto de los salvadoreños, los que no comprendemos por inmadurez las genialidades de la iluminada vanguardia revolucionaria. No estamos, pues, a la altura de semejante dirigencia y de sus geniales ocurrencias. No creo que sea un lapsus del señor Ortez, uno de los cuadros más instruidos del partido. Lo que dijo refleja ese sentimiento de superioridad, ese creerse depositario de la verdad absoluta y científica sobre las leyes que rigen a las sociedades y su destino.

Dicen que las parejas, con el tiempo, llegar a parecerse mucho, hasta físicamente. Lo mismo le está pasando al FMLN, cada vez se parece más al PCN y a GANA.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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