El idealismo satanizado

Por Guillermo Guido* Martes, 5 de Febrero de 2013

Cuando ingresé a la Universidad Nacional para iniciar mis estudios en la "áreas comunes", también daba inicio la maquinaria de adoctrinamiento y reclutamiento de jóvenes para engrosar las nacientes organizaciones subversivas, que las mismas autoridades universitarias patrocinaban. La situación era realmente insoportable, con paros inesperados de las clases y con la realización obligada de mítines y marchas de protestas; poco a poco tanto alumnos como los mejores catedráticos, comenzamos a desertar y a buscar becas y espacios en la naciente Universidad Católica, ubicada en las instalaciones de la Iglesia Don Rúa en San Miguelito, con la ilusión de poder estudiar y culminar la carrera profesional seleccionada en el tiempo establecido.

En cierta ocasión y al final de una reunión entre un grupo de estudiantes de economía, todos los presentes hicimos una reflexión del desmadre en que ya había caído la Universidad Nacional y en determinado momento lancé la siguiente propuesta: "Levante la mano todo el que cree que no debe existir la pobreza, que deben terminarse los privilegios y la impunidad de algunos, que debe haber una magnífica educación gratuita para todos, que debe haber un servicio de salud y hospitales en todo el país de la mejor calidad, que todos tengan casa propia y que además, existan empleos para todos, especialmente para los jóvenes".

Inmediatamente todos levantamos las manos y a continuación comenzamos a elucubrar las formas y medidas que deberían realizarse para vivir en un país así y eso nos emocionó mucho, al punto que más de alguno manifestó que valía la pena de empeñar hasta la vida misma por lograrlo. Éramos jóvenes y eso era idealismo puro que nos hizo sentir que nosotros éramos personas buenas y que todo aquel que no pensara así, se convertía en una persona mala.

Los buenos contra los malos, así de fácil; afortunadamente, en el grupo estaba un compañero que ya no era "tan joven" y que además trabajaba para mantener a su familia y pagar sus estudios y nos dio una lección de vida. Nos dijo que la cosa no era tan fácil, que en la realidad hay gente pobre que lucha por superarse y se sacrifica por progresar y que al final lo logra, pero en cambio hay una inmensa mayoría que está a la espera que otro lo mantenga y le ayude a pasar el día; nos dijo que la oportunidad de estudiar está allí, pero que uno tiene que ordenar sus recursos y su tiempo para estudiar y sacrificarse para graduarse (tal como él lo estaba haciendo); nos dijo que se necesitaban más buenos profesores para formar nuevas generaciones de técnicos y profesionales para ampliar los servicios de salud, de educación y de vivienda; además, nos aseguró que mientras existieran personas que crearan empresas, eso aseguraría los empleos que nosotros iríamos a cubrir en el futuro.

Pero nos advirtió que para mejorar las cosas se necesitaban políticos honestos e instruidos, que formaran gobiernos vigorosos y progresistas… y eso era lo duro, pues ni en El Salvador ni en Latinoamérica eso iba a darse. Esa era la realidad, lo demás es pura maldad ideológica y la maldad de un idealismo que ya se comenzaba a pregonar en forma desaforada por los revolucionarios, sindicalistas y agitadores profesionales entrenados en Cuba.

Eso pasaba en los años 1965, 1966 y 1967. Casi 48 años después, la demagogia continúa, enfrentando a buenos contra malos y alimentando el odio de clases. En eso se convirtió el idealismo juvenil de ese tiempo que les costó la vida a muchos jóvenes que ingenuamente creyeron.

Los jóvenes y agresivos dirigentes revolucionarios se convirtieron en guerrilleros, luego en comandantes y ahora en los flamantes "sociolistos" de las empresas ALBA, por medio de la cual se han convertido en nuevos empresarios, nuevos millonarios que viven en medio del lujo y la opulencia. Ahora ellos son todo lo que odiaban y juraban exterminar en aquella época juvenil.

¿Qué pasó con el idealismo? Siempre existe, porque siempre habrá nuevos jóvenes y nuevos pobres, ilusos e ignorantes, creyendo en el mundo de ilusiones que la izquierda promete.

Pero también existen muchos pero muchos más realistas que trabajan, que se esfuerzan y que se sacrifican todos los días para progresar y sacar adelante al país. ¡Ahora ellos son los buenos!

*Colaborador de El Diario de Hoy.

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