¿Menos hijos?¿Más hijos?¿Qué es mejor?

En mi artículo del pasado lunes, uno de esos duendes tipográficos que hacen travesuras con las palabras suprimió un no decisivo. Yo escribí: "No quieren seguir en el suicidio demográfico". Salió publicado: "Quieren seguir en el suicidio demográfico". Se trataba de Francia y era la razón principal por la que una sociedad civil, activa y clamorosa, se oponía a legalizar las uniones homosexuales como "matrimonios". El punto clave no era una cuestión de ley ni de moral, sino de supervivencia. Dejando para otra ocasión el atentado contra los derechos de los niños que supone entregárselos en adopción a parejas de homosexuales, me centro ahora en el enorme problema que supone, para cualquier país el suicidio demográfico: que se muera más gente de la que nace. Hacen falta más niños pero, eso sí --¡muy importante!-- nacidos, criados y educados por sus progenitores dentro de hogares de matrimonios estables.

El suicidio demográfico se extiende a toda Europa, a Japón, comienza ya en algunos países hispanoamericanos y se insinúa débilmente en los Estados Unidos. Cuando eso ocurre, ese país abre la puerta a perder su identidad, su cultura, su modo de ser, porque los inmigrantes no solucionan el problema. No todos se integran debidamente, sobre todo cuando se trata de musulmanes. Muchos de ellos no quieren amoldarse a esa cultura, sino substituirla.

¿Y en El Salvador? En unas gráficas del Registro de Población de 2007, se mostraba un promedio de 3,5 hijos vivos por mujer para 1992 y de 2,4 hijos para 2007(para edades de la madre entre 15 y 49 años). Pero en una página de www.indexmundi.com la tasa de fertilidad para El Salvador en 2011 ya era sólo de 2,04 infantes nacidos/mujer. ¿Y ahora…? A nadie parece importarle este desastre, agravado porque gran parte de esa natalidad no supone hogares bien constituidos ni padres educadores. Este es el fruto de la propaganda criminal de la cultura de la muerte y muy especialmente de su Fondo de Población de la ONU.

Y como somos un país donde abunda la pereza mental de tantos y las conciencias ganadas a fuerza de dólares, para muchos siguen vigentes las siguientes mentiras demográficas: 1.- Somos demasiados, hay una explosión demográfica: esa es la causa principal de la crisis económica mundial, del subdesarrollo económico hispanoamericano, del deterioro del medio ambiente, del calentamiento global. 2.- Una pareja debe tener, como máximo, dos hijos, porque eso permite una mejor calidad en su educación y además planificar la familia ayuda al desarrollo económico del país.

Pero los expertos en economía, en demografía y los estudios sobre educación de los hijos dicen lo contrario: el aumento de población favorece el desarrollo económico; más hermanos es mejor inteligencia emocional, mayor salud mental, mayores iniciativas, más generosidad, mayor felicidad.

Sobre economía y natalidad, si quieren nombres de los expertos que no han sido comprados por el imperio antinatalista, ahí van algunos: entre los Premios Nobel de Economía: Kuznets (P.N. 1971); A. von Hayek (P.N. 1974), Becker (P.N. 1992); tros expertos: Julian Simon, con estudios muy acuciosos e irrebatibles: Populations Matters,1990; The Ultimate Resource, 1996; Pierre Chaunu, Gérard François Dumont; Jean Claude Chesnais; Hervé le Bras; norteamericanos: Gregory Mankiw, Easterline, Nicholas Eberstadt y Kasun, con su formidable libro The War against Population.

Ettore Gotti Tedeschi, economista y presidente del IOR a finales del 2009 dijo que la ONU reconoció que entre 1900 y 2000 la población mundial creció 4 veces, pero al mismo tiempo el PIB mundial había crecido 40 veces; que el mayor economista-demógrafo actual, Alfred Sauvy, explicó y demostró que entre el crecimiento de la población y el desarrollo económico hay una correlación perfecta y que "ha sido la caída de la natalidad en Estados Unidos, Europa y Japón las que han generado la crisis económica y por tanto también el bloqueo de las inversiones en salvaguarda del medio ambiente".

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

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