¿Todos iguales o algunos más iguales que otros?

La novela "Animal farm" (La granja animal o la rebelión animal, en español) escrita por el británico George Orwell, continúa dando muchas enseñanzas realmente impresionantes. Para los que no han leído la novela, en resumen, es una crítica a la Unión Soviética (fue publicada en los cuarenta), representada por una historia bien peculiar de una granja de animales. Es importante aclarar que Orwell era socialista.

El granjero, el Sr. Jones, es expulsado de la finca por una rebelión liderada por los cerdos. Cada animal representa un ente diferente en la sociedad, como por ejemplo el caballo, quien representa a la clase trabajadora.

En resumen, el libro representa la expulsión de la "oligarquía" en el poder (palabra que le encanta ocupar a algunos) y llegaría la dictadura del proletariado. Al inicio los animales, incluso hacen una lista de mandamientos donde resalta "todos los animales son iguales", así como la prohibición de otros aspectos de la oligarquía, que tanto detestaban y juraban nunca imitar.

A medida fue pasando el tiempo en la granja, diferentes cosas fueron sucediendo. Especialmente cómo los líderes, los cerdos, fueron asumiendo unos cuantos "vicios" de la antigua oligarquía. Lo interesante de todo es que los animales de la granja, la mayoría, se les olvida los acuerdos iniciales y comienzan a verlo como algo natural y que los cerdos tienen la razón. Aquellos animales que sí recuerdan los acuerdos iniciales no dicen nada, callan, ignoran y se acomodan.

El proletariado, el caballo, es traicionado incluso hasta la muerte y pocos se recuerdan de él y sus sacrificios. De repente, para sorpresa de todos, granjeros vecinos comienzan a hacer negocios con la granja, o más bien, con los cerdos. Eventualmente los cerdos comienzan incluso a caminar como granjeros, a beber como el Sr. Jones, a tratar a los demás como el Sr. Jones. De repente, todos los mandamientos iniciales prometidos, por los que supuestamente lucharon e hicieron destrucción ya no son los mismos, de repente sólo hay uno: "Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros".

Llega un momento en que los cerdos se convirtieron en los nuevos granjeros, es difícil incluso distinguir entre un granjero y un cerdo. Tienen completas relaciones y amistades con los otros granjeros.

De repente, comienzan a celebrar en la Asamblea Legislativa fiestas de 20 mil dólares y regalos que suman más de 25 mil dólares para Navidad. Dentro de los regalos, licor y prendas de lujo. De repente, andan en caravanas que son tan majestuosas e importantes que las llegan a llamar "la caravana de la muerte", para el que sea que se pare enfrente de ellas.

Viajan en jet privado, venden petróleo, medicinas, frijoles, maíz, transporte, voluntades, partidos políticos y hasta medios de comunicación. De repente, a los animales de la granja, no los cerdos, ni se recuerdan. Es más, lo ven natural: "¿si los otros lo hicieron por qué hoy no?", "¿por qué antes nunca dijeron nada?", olvidando aquellos mandamientos prometidos, inspiradores, donde decían que la única razón de ir a la guerra es porque no había espacios políticos, cuando lo que de verdad querían, por lo menos algunos, los peores, era el poder y el dinero.

Hoy se ven a los cerdos en los mismos restaurantes que los granjeros, con los mismos trajes, con incluso mejores carros. También, los granjeros no son tontos, simplemente se les dará la bienvenida al club de los granjeros y los animales ni se van a recordar de aquellos mandamientos prometidos.

Termino aclarando que cualquier similitud con nuestro país es pura coincidencia; eso sí, a quién le pique, que se rasque.

* Lic. en Economía.

Columnista de El Diario de Hoy.

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