OTROS EDITORIALES

Apuntes para un CD sobre la vida del "Chelón"

Por Rolando Monterrosa* Martes, 15 de Enero de 2013

Murió nuestro querido compañero de trabajo y amigo, Mauricio Vásquez, el inolvidable "Chelón" ---así llamado por ser chele por excelencia--, paradigma del periodismo empírico, casi, casi "monedita di'oro pa' caerle bien a todos" y miembro activo de la picaresca de Redacción.

Hace unos 20 años, se presentó a solicitar empleo a EL DIARIO DE HOY un joven bien vestido, de estatura mediana, delgado, de tez blanca, ojos claros, rostro colorado. Quien quiera que lo haya entrevistado en aquel momento, lo contrató de inmediato movido, sin duda, por la simpatía que emanaba de él.

Se inició como recepcionista, al frente de un tablero telefónico, a la entrada de Redacción. Desde allí contestaba a las más dispares llamadas de aquel entonces: de terroristas trasnochados, quejas de ciudadanos, información de choques, incendios, de muertos y heridos y, además, las de gran número de señoritas que pedía hablar con periodistas y fotógrafos. Esto pronto lo convirtió, no sólo en la persona más conocida, sino también en la mejor informada de la empresa.

En sus ratos libres conversaba con sus jefes. Uno de estos, don Luis Fuentes Hernándéz, descubrió en él rasgos de una natural inteligencia y un decidido afán de superación. El "Chelón" le dijo que aspiraba a convertirse en reportero, por lo que don Luis lo propuso como auxiliar del departamento de Internacionales, que él considera la mejor escuela para formar redactores por la influencia de los periodistas de las agencias.

Por otra parte mostraba un singular interés por el trabajo de sus compañeros y, a fuer de preguntar y observar, no pasó mucho tiempo para que aprendiera el manejo de computadoras y principios de diseño gráfico. Además era un ávido lector. A menudo me pedía prestados libros que yo mantengo en mi escritorio y, después de leerlos en pocos días, me los devolvía para pedirme más.

Se hizo asiduo cliente de la librería "Segunda Lectura", vecina del Diario, donde adquirió una pequeña pero selecta biblioteca. De esa manera fue acumulando un notable acervo cultural que, al faltar un día el jefe de la Sección, le valió ser promovido a titular de la plaza. Él, a su vez, adiestró a varios auxiliares que le fueron adscritos, entre ellos a destacados periodistas que hoy ejercen altos cargos en medios locales. Durante todo este tiempo mantuvo un satisfactorio desempeño laboral y produjo magníficas ediciones especiales en ocasión de importantes acontecimientos mundiales.

El "Chelón" tenía un dionisíaco sentido del humor que le brotaba de manera espontánea y desenfadada. Un día subía yo los escalones que llevan a la sala de Redacción; él aprovechó la presencia de unas jóvenes periodistas que bajaban por ellos y, con deliberada malicia, me tomó de un brazo y dijo: "¡No se me vaya a caer Lic.!" Y mientras miraba con sorna a las chicas, subrayó: "A estos señores de la tercera edad hay que cuidarlos", y ellas celebraron la broma.

Si bien era un buen relator de chistes jamás le oí emplear lenguaje profano. Pese a su carácter bromista era respetuoso y reconocía la importancia de la experiencia de sus jefes con quienes consultaba sus textos, titulares, entradillas y otros componentes de la información.

Sin que supiéramos cómo, conseguía toda suerte de películas y música en CD, para pasárselos a sus compañeros; así llegaron a mis manos raras piezas de la historia del cine como Casablanca, El Tercer Hombre, Ciudadano Kane y una que guardo con verdadero aprecio, El Acorazado Potemkin, de Eisenstein, entre muchas otras.

Dos semanas después de su internación hablé con él, a su celular, y con voz quebrantada, pero optimista me dijo: "Mire Lic., cuando salga de esta, lo vamos a celebrar en grande..." Viéndolo bien, su pintoresca, esforzada y productiva vida podría dar pie al guión de un estupendo CD.

*Periodista.

rolmonte@yahoo.com

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