La verticalidad contra el conglomerado

La Noche Buena servirían la cena tarde y yo había llegado preparado, atorándome unos panes con jamón, para no sufrir el rigor de las tradiciones. Como en toda celebración familiar de pueblo chico, siempre existe la posibilidad de coincidir con algún ilustre, entre los propios o invitados. Por esta vez, yo me metí sin invitación, a una discusión entre mi pariente y el diputado, por el que particularmente voté, en la ultima elección con el beneficio de la foto.

Debatían la pragmática pero predecible discusión de por qué este candidato y por qué no mejor otro. Que si aquel es popular pero limitado y que si el otro es brillante pero desconocido. Yo me desesperé cuando la cosa ya se desparramaba, a la defensa de posiciones y nadie planteaba intereses. Así que los interrumpí: Me pongo de ejemplo y seguro que soy parte de un segmento elector importante.

A mi generación lo que nos interesa son espacios de participación. Pero así como están las cosas, no tenemos chance de opinar, participar o influir, ni conectados, mucho menos Juan Pueblo. El diputado, me contesto: "Es que vos querés llegar a mandar y no a servir". Eso me dio oportunidad de meter quinta, en el envión que llevaba, pues ya hablando de intereses, si se puede avanzar. Y dije: "No estoy interesado en darle continuismo a la tradicional fórmula de la verticalidad impuesta al conglomerado".

Yo creo en participación de mesas redondas. En la sinergia generada entre el viejo sabio y experimentado y el joven preparado entusiasta y hambriento.

Continué: "De lo que está harta mi generación y contra lo que conspiramos con absoluta convicción, es que vos mandes porque vos mandas".

En nuestro esquema mental, en la mesa se debería sentar a "mandar" la experiencia, la preparación, el talento y la capacidad de los mejores, en un tira y en encoje de consensos bien intencionados.

No sé si por la experticia de político hábil o por auténtica coincidencia ideológica me contesto: "En eso sí pensamos igual, mi generación y la tuya. Estamos en la misma revolución".

La misma semana, coincidí con otra persona, ex integrante del COENA y le pregunté: ¿Seguís en ARENA? Su respuesta con una sonrisa muy auténtica fue: "Llevo ARENA en el corazón, pero no te puedo explicar por qué tuve que salirme". Yo le contesté aventurándome: Porque primero hay que quitar al patrón de la vieja escuela, para que jóvenes profesionales y talentosos como tú, puedan tener alguna posibilidad real de influir. A la plática se metió un reconocido empresario y agarramos guinda componiendo al mundo y ponderando posibilidades.

Mi resumen de la temporada navideña es que, ex dirigentes y diputados actuales de ARENA, aparentemente reconocen la necesidad de un replanteamiento. Seguro que a los poderes fácticos entronados, no les interesa salir de una zona de confort. Pero si tienen la sabiduría y humildad de evaluar un cuestionamiento, con la mejor de las intenciones o en su defecto, la astucia de evaluar su FODA. Si no abren su partido a la innovación y a la renovación generacional, se los van a comer entre corruptos, populistas y ambiciosos, de replicar la vieja escuela pero con patrón distinto. El interés de mandar no es ilícito. Al fin y al cabo la política es el arte de lo posible.

*Abogado & MBA.

velasquez.parker@gmail.com