Tres años y medio de destrucción en salud

La situación de salud de una población es el fiel reflejo de la posibilidad de desarrollo de un país y de la verdadera importancia que los gobiernos le dan al tema. Después de tres años y medio del actual Gobierno, tengo muchas razones para asegurar que en El Salvador la salud no recibe esa verdadera importancia y por el contrario, enfrenta un profundo proceso de destrucción, debacle y retroceso.

Todo indica que la crisis del sistema nacional de salud se ha convertido en un padecimiento crónico, vislumbrándose un pésimo pronóstico en su definitiva solución, debido a que únicamente vivimos rodeados de anuncios y promesas incumplidas.

El Gobierno, en su Plan Quinquenal de Desarrollo 2010–2014, se comprometió a construir un Sistema Integrado de Salud que permita a todos los habitantes del país acceder de manera oportuna a servicios de salud equitativos, universales y de alta calidad.

¿Qué tenemos?: tenemos trabajadores frustrados por falta de condiciones mínimas para desarrollar su trabajo de forma eficiente y usuarios víctimas de la incapacidad y politización de los servicios de salud.

Se nos dijo que no existirían unidades de salud ni más hospitales sin medicinas y la gente, especialmente la de menores recursos, acude al Sistema Nacional de Salud en donde le confirman la enfermedad, pero termina con una receta, sin los medicamentos y con la crisis económica, sin la posibilidad de poder comprarlos.

¿Por qué aseguro que la salud ha sido destruida?, porque a pesar de que las autoridades exponen con orgullo que de 2009 a 2013 se han incrementado $172 millones en el presupuesto, existe un grave deterioro en la gestión, entrega y calidad de los servicios, por la destrucción de FOSALUD, despidos masivos, traslados arbitrarios, violación de los derechos de los trabajadores y una marcada politización al incorporar en estos tres años y medio 4 mil 146 plazas para atender el clientelismo político y la partidocracia.

Basta revisar que en el presupuesto aprobado para 2013 se incluyen 773 plazas con un monto de $12.3 millones y únicamente destina $29 millones para medicamentos de los salvadoreños. Es decir, $7 millones menos que este año y teniendo claro este Gobierno que para un abastecimiento adecuado de medicinas se requieren de $70 millones anuales.

Con este presupuesto llevan el sistema a una debacle profunda, al condenar también a los ciudadanos a un año negro en servicios de salud, porque de cada $100, los ECOS (grupos de personas contratadas para atender comunidades) reciben $30 y sólo $40 van para los hospitales. Tendremos un 2013 con hospitales colapsados, sin anestésicos, catéteres, antibióticos, vendas elásticas, ni camas, ni medicinas.

Esto a su vez, es producto de una reforma de salud fracasada, engañosa y generadora de un retroceso, porque los ECOS tuvieron que ser progresivos y no invadir con ellos el sistema; pero como necesitaban abrir espacios a la partidocracia, destinan recursos desproporcionados a los ECOS, bajo el argumento que éstos tienen el control del diagnóstico de cada persona en su casa y que evitarían el congestionamiento en los hospitales. La verdad es que los hospitales están colapsados y los pacientes sin medicamentos.

Además, en honor a la verdad, debo exponer que en los $80 millones aprobados recientemente y por los que ARENA votó, no existe ninguna partida para compra de medicinas, como lo ha expuesto la campaña publicitaria de desinformación del Gobierno, al asegurar que parte de esos fondos servirán para adquirir medicamentos, nada más falso, y de nuevo se gastaron fondos públicos en una campaña innecesaria en lugar de atender las necesidades de los pacientes.

Mientras tanto, el mal manejo de enfermedades infectocontagiosas ocasionó este año un devastador aumento del dengue, con cifras de 42 mil 379 casos y el fallecimiento de cinco personas.

Sin duda, es un pecado privilegiar el clientelismo político en detrimento de la salud de los más pobres.

Balances negativos como éste no le gustan al Gobierno, pero es nuestro deber señalar que estamos ante una bomba de tiempo en la que se ha convertido la salud en los últimos tres años y medio, debido a la destrucción del sistema, a una debacle profunda y a un marcado retroceso.

* Presidente de la Comisión de Salud, Asamblea Legislativa.

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