Los héroes de azul

Sin duda alguna, la época navideña es la más alegre del año. Las ansias por ver la expresión de felicidad en aquellas personas a las que les obsequiamos el regalo perfecto, la alegría de compartir con nuestra familia y amigos, y todos los demás gozos que acompañan las festividades, hacen que diciembre sea un mes extraordinario. Sin embargo, mientras la mayoría estamos celebrando y disfrutando, unos pocos trabajan velando por nuestra seguridad. Ser policía es una carrera sacrificada y quienes la escogen están conscientes que eso significa siempre anteponer el bienestar de los demás sobre el propio.

He tenido la oportunidad de trabajar con policías salvadoreños y estadounidenses, y la mística de servicio y entrega total al trabajo la he visto en ambos países. Fue en Estados Unidos, mientras cursaba mis estudios de especialización, que conocí de cerca por primera vez este compromiso del policía. El decano del Departamento de Criminología, David, y su esposa, Caye, que con el tiempo se autoproclamaron mis padres americanos (y yo su hijo salvadoreño), fueron esenciales para que lograra tener un verdadero entendimiento de la idiosincrasia policíaca.

Gracias a David y Caye, entablé muy buenas relaciones con muchos de mis profesores, con quienes terminamos siendo muy buenos amigos. Nuestras conversaciones permitieron conocer la cultura policial. Mis pláticas con DeVere, un doctor en criminología, expolicía de Michigan y catedrático de temas de seguridad pública, me ayudaron a comprender los sacrificios que los policías hacen por su trabajo. Igual los relatos de Lisa, una expolicía y exfiscal, doctora en jurisprudencia y profesora de temáticas jurídicas, me dejaron claro esa entrega.

La comprensión de la labor policial me ha servido mucho en mi carrera, en especial para lograr un balance entre lo académico y lo práctico. También fue de mucha utilidad cuando empecé a trabajar de parte de la universidad con el Departamento de Policía de Indianápolis. El ambiente y la idiosincrasia al interior de las fuerzas policiales son complicados, pero yo logré encajar muy bien gracias a mis conversaciones con amigos como DeVere y Lisa.

En Indianápolis conocí a policías como Mike de la división de investigación de homicidios y robos. Al observar la jovialidad que caracterizaba la relación con sus compañeros y la total entrega a su carrera, uno nunca esperaría que el trabajo de Mike afectara de forma negativa su vida familiar. Mike estaba asignado al turno de dos de la tarde a once de la noche. No veía a su esposa e hijos cuando regresaban a su casa al terminar el día porque estaba trabajando. Cuando llegaba en las noches ya estaban dormidos. Sólo compartía unos minutos en la mañana, durante el ritualista ajetreo matutino antes de que su familia saliera al colegio y trabajo.

Aunque nunca aceptó en voz alta que no ver a sus hijos y esposa era difícil para él, el cambio en su voz y temple cuando recibía llamadas de su hija menor durante la jornada laboral, develaban la magnitud de su sacrificio. La dedicación y buen humor de Mike en su trabajo, a pesar de esto, muestran la disposición de los policías a sacrificar su propio bienestar por el de los demás.

En El Salvador también conozco a muchos policías que han sacrificado sus vidas personales por el bien de la ciudadanía. Algunos incluso han perdido sus matrimonios por dedicarle más tiempo a su trabajo que a su familia.

Esta Navidad quiero hacer un especial reconocimiento a la labor de los policías de carrera en El Salvador. Agradezco su entrega, esfuerzos y sacrificios. Los insto a no desfallecer ante las complicadas circunstancias dentro del aparato de seguridad pública y la difícil dinámica criminal. El bienestar de la ciudadanía depende en gran medida de su trabajo.

* Máster en Criminología y Ciencias Policíacas.

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