La Navidad

La Navidad está a nuestras puertas. Pronto recordaremos en familia cómo el Señor decidió nacer en familia y en pobreza. Ya viene la Navidad y seguramente a estas alturas ya hemos asistido a más de alguna celebración. Se repite la alegría, la fraternidad, la comida, los regalos, las rifas, los abrazos y los mejores deseos. En muchas ocasiones abundan también las bebidas y el baile. Todos reunidos en la intimidad de los hogares, en las oficinas o en algún lugar de fiestas y celebraciones.

Por supuesto que estamos llamados a estar gozosos, a celebrar la vida, a celebrar particularmente la de aquel que vino a predicar el amor. Sin embargo, debemos tratar de no permitir que la fiesta haga que se nos olvide lo importante de la Navidad, que es celebrar el amor. El que nació en este mundo hace más de dos mil años vino para promover la única forma de vivir a plenitud, el amor que nos hace uno con el universo.

No permitamos que la celebración del nacimiento de Jesús se agote en la fiesta misma y perdamos la oportunidad para recordar a las personas con las que celebramos las razones por las que es importante celebrar con ellas. Celebramos para dar gracias. Celebramos para reiterar el amor que nos tenemos. Celebramos para recordar que somos comunidad. Celebramos para honra del Padre y del Hijo.

Dediquemos, pues, un momento para compartir con las personas que nos quieren, con aquellas que necesitamos para sentirnos completos. Compartamos con la familia cercana y con la lejana. Compartamos con todos y especialmente no olvidemos a aquellas personas que nos sirven, a aquellas personas que nos hacen la vida más fácil. Hay quienes viven una vida más difícil y nosotros debemos estar especialmente agradecidos con aquellos que nos ayudan y que hacen posible muchas cosas en nuestras vidas. En el silencio de su servicio nos recuerdan la humildad del Señor.

También recordemos la importancia de celebrar con sobriedad, no sólo por los riesgos en que incurrimos o exponemos a los demás cuando el exceso no sólo es de comida, sino también de bebida. Sobriedad, porque vivimos años de vacas flacas y debemos ser sensibles a las dificultades que enfrentamos. Escuchaba esta mañana una presentación de la situación económica del país y es triste confirmar que el salario en general ha disminuido en términos reales, que ha perdido capacidad de compra y que más de 70 mil familias han cruzado el umbral de la pobreza. Ahora el país tiene más familias pobres.

Aprovechemos estas navidades para intentar recuperar nuestro centro y revalorar las bendiciones que existen en nuestras vidas. Este año 2013 nos tocará trabajar más duro y debemos estar dispuestos a sacrificar lo que sea necesario para mantener la armonía familiar. No permitamos que las dificultades económicas minen la paz en el hogar. No permitamos que la falta de crecimiento termine matando nuestro entusiasmo por vivir y por trabajar. Pidamos, porque de estas navidades salgamos fortalecidos en el amor y en la esperanza.

Lo peor que podemos hacer es celebrar en el vacío, porque las mismas celebraciones te harán sentir incluso más vacío al terminar. Dale contenido a tu alegría y fundamenta el futuro con la solidez de las relaciones de amor con las que has llenado tu vida. Cultiva las pequeñas cosas que hacen la diferencia. Aléjate del consumismo y del ansia de tener, porque nunca será suficiente. Aprovecha estas navidades para reencontrarte con el Señor y para refrescar tu vida con la espiritualidad que emana del amor. No tengas miedo. Hoy es un buen día para comenzar.

*Columnista de El Diario de Hoy.