OTROS EDITORIALES

Lo que se te sale de las manos va a dar directo a las de Dios

Por Mario González* Sábado, 15 de Diciembre de 2012

Me conmovió mucho la historia de la enfermera que se suicidó después de pasarle a la princesa Catalina una llamada supuestamente de su suegra, la reina Isabel II de Inglaterra, que resultó ser una broma de un programa de la televisión australiana.

Ante todo me imagino la avalancha de presiones, reclamos, regaños, burlas y ofensas que recibió la pobre servidora de la salud, Jacintha Saldanha, que sólo hizo lo que parecía más normal que es pasarle el teléfono al paciente que no está grave.

La enfermera, madre de dos hijos, seguramente se sintió cercada por sus superiores y por la opinión pública, además del escarnio que debió de haber sufrido en su trabajo, hasta el punto de deprimirse y quitarse la vida.

Hace dos mil años, un millar de judíos sobrevivientes del sitio de Jerusalén por Tito, en el año 70, prefirió suicidarse antes que rendirse cuando las tropas romanas pudieron entrar a la fortaleza de Masada.

La ciudadela fortificada en el desierto fue por varios meses inexpugnable para las tropas dirigidas por Lucio Flavio Silva, hasta que a fuego y golpe de ariete logró entrar, pero para sólo encontrar centenares de cadáveres. El jefe de cada familia había pasado a cuchillo a los suyos y después los que quedaron eligieron a diez que debían acabar con los demás y luego uno solo aniquilar a los últimos.

En las guerras priva mucho el pensamiento de que "a mí no me agarran vivo" y muchos milicianos prefieren suicidarse que ser torturados y mancillados. En la vida diaria son comunes las frases "sobre mi cadáver" o "primero muerto".

Eso le ocurrió en 1978 a Jim Jones, un pastor que se llevó a un millar de fieles de su iglesia a Guyana y cuando se vio investigado por autoridades de Estados Unidos por abusos, decidió envenenarse y llevarse de la misma manera a más de 800 almas con él.

La primera reacción al sentirnos acorralados es la salida aparentemente más fácil, sobre todo cuando las presiones son de deudas, como le ocurrió hace unos días a un agente de la Policía Nacional Civil en Mejicanos que se suicidó.

El pensamiento se obnubila y quedan por fuera las opciones, los planes B, los atajos y, lo más importante, el arte de la palabra y la negociación.

Todo tiene solución, aprendimos de niños. Y lo hemos comprobado. Si los bancos o instituciones financieras te presionan para que les pagues, lo peor que puedes hacer es esconderte, sino que debes ir a hablar con ellos y buscar arreglos.

Si es difícil encontrar trabajo, no hay que desmayar. La oportunidad llega si la buscamos con ahínco, aunque sea para pasar el aguacero, es decir, mientras encontramos un mejor empleo.

Bien dicen que "cuando un problema se nos sale de las manos, va a parar directamente a las de Dios". Si hasta los delincuentes más torvos tienen oportunidades en la ley, ¿cómo Dios no va proveer soluciones a nuestros problemas?

Sólo hay que ver el caso de la pecadora que estaba a punto de ser lapidada cuando fue rescatada por Jesús en persona, quien sólo pone una condición: sigue adelante y no cometas más errores.

Eso le faltó quizá reflexionar a la enfermera, que se dejó aplastar por la condena del mundo y se olvidó de la misericordia de Dios.

El secreto en estas crisis siempre estará en ver hacia delante y sólo revisar los errores para aprender de ellos y no volver a cometerlos.

Hay un salmo que dice "misericordia quiero y no sacrificios", porque muchos de nosotros cumplimos fielmente nuestros deberes religiosos, pero somos implacables para señalar y condenar. Otros se creen tan puros e intachables que si hubieran estado en el momento de la lapidación frustrada por Cristo, ellos hubieran sido los primeros en lanzar piedras.

Lo más importante es recordar que, como dice la canción, que "la vida es una tómbola, twist, twist, tómbola" y mañana podemos necesitar la misma comprensión, respeto y misericordia que nosotros hemos negado ahora.

*Editor subjefe de El Diario de Hoy.

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