OTROS EDITORIALES

¿Quién da el segundo paso?

Por Carlos Mayora Re* Viernes, 14 de Diciembre de 2012

Como se ha escrito, una guerra comienza mucho antes de que se dispare la primera bala, y termina bastante más tarde, mucho después de que estalla la última bomba. Es verdad, pero no podemos echarle la culpa de nuestro violento talante solamente al conflicto que cerramos hace ya veinte años, pues ya antes del mismo éramos violentos, tendíamos a resolver todo, en primera instancia, por medio de la violencia.

Vivimos en una sociedad en la que la violencia ha sido protagonista desde siempre. Lo vemos en el deporte, en la manera de reaccionar en los conflictos más cotidianos, en los consejos que los papás y las mamás dan a sus pequeños para que se defiendan… Estamos rodeados de violencia. Pero no por eso nos vamos a conformar con permanecer en ella.

¿Por qué estas reflexiones? Porque en estos días hemos estado viendo cómo el actuar de las pandillas con respecto a detener no sólo sus mutuas agresiones, sino también la reducción de sus actos delictivos, parece estar dando un paso más: se ha dejado de hablar de estructuras de injusticia, de culpas sociales, de condiciones que obligan a delinquir, y se está pasando a hablar más en clave de futuro: qué país queremos, qué tenemos que hacer para lograrlo, cuál es el papel de cada uno.

Han tomado la iniciativa, además, quienes tienen puesta en la frente --porque se la han ganado o porque una sociedad simplista tiende a trivializar lo complicado-- la etiqueta de "violentos".

Quizá precisamente por esa viñeta, y porque las palabras son siempre sujetas de interpretación, no se ha calado a fondo en lo que quisieron decir al emplear en un primer momento el término "santuario"; y se le ha dado más énfasis a lo que los mediadores de la comunicación (los periodistas) entendieron, que a lo que los pandilleros pretendían hacer saber.

Unos, quisieron decir: zonas de la ciudad en las que no habrá delito y podremos mostrar acciones de reconciliación y reinserción. Otros, escucharon zonas de la ciudad donde los delincuentes podrán refugiarse después de delinquir en otras partes... La carga de la palabra "santuario", mató los conceptos que se querían transmitir: reconciliación y reinserción.

Sin embargo, hay indicadores que parecen insinuar que los líderes de las pandillas están más cerca de lograr la disminución de la violencia, que quienes deberían estar más comprometidos en dicha tarea.

No somos la única sociedad sentada sobre un barril de pólvora, ni seremos la primera que supere la situación por el camino del perdón más que por el de la represión (allí están la India y Sudáfrica como ejemplos). Pero parece ser que falta mucho para que todas las partes involucradas, desde los pandilleros hasta los funcionarios gubernamentales, pasando por las ONG´s, gremiales y grupos ciudadanos, comprendamos que la solución pasa por todos.

Una solución que requiere tomar en serio a quienes proponen y no a quienes obstaculizan. Una respuesta que funcione, pero que requiere confiar, jugársela; optar por caminos distintos al de la indispensable educación y cultura (que tarda mucho tiempo), o el de la represión de la violencia con más violencia (que ya se demostró ineficaz).

¿Por qué no darle su peso a las palabras de un gran conocedor de la naturaleza y de la cultura humana, cuando escribe que los agravios históricos y las injusticias sólo se pueden superar si los hombres y las mujeres se inspiran en un mensaje que ofrezca "un camino para seguir adelante, para salir del callejón sin salida que muchas veces aprisiona a las personas y las naciones en un círculo vicioso de violencia"?

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org

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