OTROS EDITORIALES

Usuarios inteligentes

Por Carlos Mayora Re* Viernes, 7 de Diciembre de 2012

Estamos invadidos por los teléfonos inteligentes. Nunca antes la comunicación fue tan directa. Ahora mismo, mientras usted lee, puede saber no sólo dónde están sus hijos, sus empleados, sus amigos, sino, incluso, qué están haciendo. Basta abrir el "Tweeter", darle una mirada al "Facebook", poner un par de líneas en el "BB Chat" o en el "Whatsapp".

Esa manera de relacionarnos no sólo está haciendo mucho más fácil la comunicación, sino que también está cambiando la manera de percibir, concretamente, el tiempo y el espacio. El uso de los teléfonos inteligentes está forjando una generación de usuarios, que no sólo miran todo de modo distinto, sino que "sienten" el mundo a diferente velocidad, con otras categorías.

Cuando la comunicación en tiempo real dependía solamente de los teléfonos fijos, por ejemplo, era relativamente fácil saber dónde estaba cada quien, pues al salir de casa o de la oficina, su programa de actividades necesariamente era conocido por sus padres o por sus jefes, y cuando se le quería localizar había que llamar dónde estaba, o esperar ("mala palabra" en estos tiempos…) su regreso y conversar con él.

Ahora, en cambio, ya no se habla al sitio donde se presupone está una persona, sino que se le habla directamente, y cuando se le pregunta qué piensa hacer, a qué hora piensa volver, dónde se encontrará después, la respuesta suele ser: "no sé". Ni importa que se sepa, pues en cuanto le interese darlo a conocer, bastará presionar unas pocas teclas para comunicarlo no sólo a sus padres o jefes, sino al mundo entero.

Esas novedades hacen que cada vez más personas vayan perdiendo no sólo la capacidad de organización personal, sino la de planificación, la del respeto del tiempo de los demás, la responsabilidad para cumplir los compromisos adquiridos… Pues, a fin de cuentas: si no llego a tiempo, si decidí cambiar mis planes, si opté por una solución distinta a la acordada, siempre se puede avisar.

Como es obvio, la responsabilidad de esas deficiencias, no la tiene la tecnología. Por lo que condenarla sin más, sería tan absurdo como pretender que los teléfonos, las tabletas electrónicas y las computadoras sean "sólo" instrumentos.

Los nuevos aparatos suelen ser tan deslumbradores, tan distorsionadores de nuestra percepción del entorno, que pueden llevar --para poner un ejemplo-- a que los padres de familia se confíen y confundan el saber dónde están sus hijos, con el conocimiento de qué están haciendo, cómo son sus amigos, o cómo se están comportando donde se encuentran…

Hagamos un ejercicio: ¿hace cuánto tiempo que el teléfono fijo de su casa timbró por última vez? Antes, por el sencillo procedimiento de contestar las llamadas, una mamá se enteraba de tantísimas cosas. Ahora, cuando la comunicación es sin "intermediarios" los padres difícilmente llegan a enterarse de una gran cantidad de asuntos muy importantes por cierto, en relación con sus hijos y los ambientes que frecuentan.

La conclusión aparece obvia: lo importante no es que los teléfonos sean inteligentes, sino que nosotros, como usuarios, los utilicemos inteligentemente.

Es decir, que comprendamos mejor la manera en que la tecnología está revolucionando no sólo la forma de relacionarnos, sino el modo en que percibimos la responsabilidad personal, la capacidad de posponer el placer e invertir esfuerzo en lo que nos ocupa, la aparición de una nueva sensibilidad para entender el espacio y las distancias, la tendencia a que el interlocutor físico con quien uno se encuentra "desaparezca" y la única realidad que capte nuestra atención sea quien nos acaba de llamar o de poner un mensajito, etc.

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org

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