El funcionario sin despacho

Adiferencia de El Salvador, al vicepresidente de Guatemala se le conceden facultades importantes en la Constitución. Es responsable de coordinar a los ministros de Estado, comparte las decisiones de política exterior con el presidente, lo sustituye con las mismas preeminencias en actos oficiales, protocolarios o en otras funciones, participa en las deliberaciones del Consejo de Ministros con voz y voto y lo preside en ausencia del mandatario. También dirige los órganos de asesoría del Ejecutivo que establezcan las leyes y coadyuva a la presidencia en la dirección de la política general del Gobierno. El segundo al mando en el caso salvadoreño, tiene la loable --y única-- atribución de sustituir al presidente en caso que este último falte como consecuencia de su muerte, renuncia, remoción u otra causa.

Eduardo Stein, que ocupó ese cargo durante la gestión de Oscar Berger (2004-2008), además de atender las ya abultadas responsabilidades del despacho vicepresidencial, impulsó la creación de una instancia internacional para la depuración de jueces y fiscales. Bajo su liderazgo se creó la "Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala", conocida por sus siglas como CICIG. Este organismo, liderado por un funcionario internacional designado por las Naciones Unidas, ha resuelto un número importante de casos muy complejos que la justicia de ese país no habría sido capaz de solucionar por la sospecha que varios funcionarios judiciales y fiscales que eran encargados de investigar, presuntamente estaban involucrados con el crimen organizado.

En cada campaña, el nombramiento más esperado es el del candidato presidencial. Sin embargo, durante las ultimas dos décadas en El Salvador, el aspirante a la vicepresidencia ha representado un complemento para la fórmula. Puede agregar entre otros aspectos, la juventud o la experiencia de la que carece el presidenciable, la falta de conocimientos técnicos, la aceptación por parte de un sector del partido que habría deseado un candidato "de pura sangre" o en su caso alguien menos identificado con el ideario revolucionario o liberal del partido y un mayor grado de afinidad con el segmento de los electores indecisos. El riesgo para el vicepresidente es que una vez cumplida esta misión, la de atraer los votos que el gobernante no pudo cuando aspiraba a la primera magistratura, se convierta en un funcionario sin despacho, despreciado y excluido de las principales decisiones.

La única garantía con la que cuenta el sustituto del mandatario es que no le pueden remover porque ha sido electo por el voto popular. A partir de ahí, nada más. El presidente lo podría marginar burlándose de quienes le dieron la victoria sobre todo por los méritos de su compañero y no por las propias capacidades. Los dos últimos vicepresidentes de derecha, no obstante sus diferencias con el mandatario de turno, lograron construir un liderazgo interesante, principalmente en materia de atracción de inversiones. Sin embargo es un problema que las funciones del vicepresidente dependan del humor, del ego o de la falta de visión del Presidente de la República.

Para las elecciones de 2014, parece que los partidos mayoritarios se han preocupado por proponer figuras notables a la vicepresidencia. Con uno ya nombrado y el otro (a) por designarse, lo relevante es que con suficiente anticipación se divulguen las funciones de las que serán responsables. Empujar la agenda pendiente en materia de reforma política, fortalecimiento institucional, profesionalización de la función publica y modernización del Estado, podrían ser unas de las principales ocupaciones. Para eso se necesita un hombre o una mujer comprometidos con el Estado de Derecho, que respete la forma de gobierno republicana, democrática y representativa establecida en la ley fundamental. Que no sea indiferente al deterioro del principio de la separación de los Órganos fundamentales del Estado y que rechace con una convicción irrefutable la concentración del poder político. Su capacidad de dialogar con todas las fuerzas políticas también sería deseable.

El momento para negociar el papel que desempeñará como candidato durante la campaña y como vicepresidente una vez electo en caso que así lo decida el pueblo, es antes de su nombramiento. También existe un período cuando haya sido incorporado al binomio, pero los márgenes de libertad se reducen. Y por los antecedentes en anteriores administraciones, lo mejor es pedir un pacto por escrito donde el candidato presidencial exprese su voluntad de ceder el espacio acordado a su compañero. Ese documento no tiene valor legal, pero significa un compromiso moral cuyo incumplimiento podría generar el rechazo de quienes apoyaron a ese partido tomando en cuenta las virtudes del que hemos calificado como el "funcionario sin despacho".

* Columnista de El Diario de Hoy.

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