OTROS EDITORIALES

Cuando el título no es suficiente

Por Marvin Galeas * Miércoles, 28 de Noviembre de 2012

Analizar en una columna de opinión las deficiencias de nuestro sistema educativo es imposible, por lo complejo del tema. No es, pues, nuestro propósito el análisis riguroso, sino ofrecer algunos consejos que puedan ser útiles a los estudiantes y a los recién graduados para incorporarse con éxito al mercado laboral.

El primer consejo es para los padres de familia. Hay que evitar ver a nuestros hijos como una simple prolongación de nosotros. Si los vemos como la oportunidad de que ellos cumplan los sueños que nosotros no pudimos, les estaremos imponiendo, de cualquier manera, no sólo una profesión sino también un estilo de vida ajeno.

En el mejor de los casos ellos cumplirán con lo que nosotros quisimos, pero no con lo que ellos quisieron. El resentimiento estará siempre latente y seguramente será un problema en el desempeño profesional y en la vida. En el peor de los casos, los jóvenes reaccionarán de muy mala manera a las imposiciones, sobre todo cuando éstas lindan con la represión o son abiertamente violentas.

La primera clave del éxito es hacer lo que a uno le gusta. Hay que dejar que nuestros hijos encuentren su propio camino. Todos venimos con un talento especial, pero tenemos, a veces, que encontrarlo. Olvidémonos como papás de frases como "dejá esa babosada de la música que eso no da de comer, mejor estudiá contabilidad". El punto no es si es mejor ser músico o contador público, sino en hacer lo que a uno le gusta.

Cuando hacemos los que nos gusta, las cosas salen bien hechas, así sea uno carpintero, acróbata de circo o científico. Y lo más importante, uno es más feliz. Sobre este tema recomiendo ampliamente tanto a padres como a jóvenes leer la biografía de Steve Jobs, escrita por Walter Isaacson.

Los jóvenes estudiantes deben tener claro que un título es sólo un documento que certifica que se cumplieron los requisitos de graduación. No quiere decir que no sea importante. Claro que lo es y hay que celebrar su obtención. Pero no es suficiente. No es garantía de éxito en el mercado laboral. Sobre todo porque a mí juicio, hay un desfase entre la oferta de capacidades profesionales y la demanda de los empleadores.

Es importante tener conocimientos generales sobre cultura general e historia universal. Estos no son temas de conversación como suele decirse. Son indispensables para comprender el mundo en que vivimos, ser mejores seres humanos y por ende mejores profesionales.

En paralelo a la carrera universitaria hay que aprender destrezas tan o más importantes que algunas de las asignaturas de la carrera. El idioma Inglés es particularmente fundamental. Hay que dominarlo. Ello requiere de mucha perseverancia, aunque ahora es mucho más fácil por las herramientas que ofrece Internet. Los profesionales que saben inglés tienen una gran ventaja a la hora de las contrataciones.

Otras habilidades que son de de suma importancia también tienen que ver con la comunicación en cualquier idioma. Hay que saber escribir. Hacerlo con corrección ortográfica y de manera coherente. Nadie con mala ortografía o redacción confusa puede aspirar una buena posición aunque tenga uno o dos títulos universitarios.

Hay que saber hablar. No hay que confundir la grandilocuencia con corrección en el lenguaje oral. Lo más importante es hablar como nos enseñaron las buenas maestras de primaria, con claridad, sencillez y precisión. Yo le agregaría sinceridad. Un sobrio y atinado lenguaje corporal dará mucha más efectividad a nuestras palabras.

También hay que saber vestirse. La elegancia consiste en la limpieza, la discreción y el buen gusto, no tanto en usar ropa cara. (Hay gente que viste mal con ropa de marca). Todo profesional, además, debería saber ciertas pequeñas habilidades que al final resultan importantes, como saber escribir en el teclado con todos los dedos y saber manejar un auto.

Pero lo más importante para cada joven es desarrollar, más que una personalidad agradable, una ética del carácter. Es decir a aprender a trabajar y vivir con integridad y nunca dejar de aprender.

*Columnista de El Diario de Hoy.

marvingaleas@grupo5.com.sv

EL DIARIO DE HOY NO SE HACE RESPONSABLE POR LOS COMENTARIOS DE SUS COLABORADORES