Di Matteo, Benítez, el Chelsea y el juego chuña en el Polvorín

Los sesudos analistas ingleses discuten las razones del despido acelerado de Roberto Di Matteo del Chelsea y la llegada apresurada de Rafa Benítez a Stamford Bridge. Unos, los más simples, aducen los pobres resultados en la Champions, no pudieron pasar a octavos de final; aunque, esto no es suficiente razón, dicen otros, porque sí bien es cierto los resultados en los últimos ocho partidos, incluidos los de la liga europea, fueron desastrosos (cuatro derrotas, dos empates y dos victorias), también es cierto que el Chelsea ganó la Champions League y la FA Cup hace seis meses y estuvo al frente de la Premier durante muchas jornadas esta temporada.

Otros analistas sostienen que la destitución de este italiano por el español Benítez es una medida drástica encaminada a exprimir al máximo a Fernando Torres, un futbolista por el que el Chelsea pagó al Liverpool 58 millones de euros a inicios de 2011 y que Di Matteo, le "costaba sacarle partido" porque este puso en marcha otro estilo de juego, como lo dice "La Vanguardia" de España o "Daily Mail" de Inglaterra, montado en la habilidad de Mata, Hazard, Lampard u Oscar.

No sé, el tiempo dirá si la decisión fue acertada o no, lo claro es que uno u otro director técnico, al igual que cada uno de los jugadores, ha sido llevado al club para cumplir una meta que va más allá de ganar uno o dos partidos (o los que sean) sino de ser los mejores en su liga, a niveles nacional e internacional. Esta tarea que debe cumplir cada uno de las personas que integran el equipo, se monta en una estructura mental y administrativa seria, profesional, vista a mediano y largo plazo.

Puede ser que sea criticable la decisión del magnate ruso Roman Abramovich, dueño del equipo, de la sustitución, como lo hizo Sir Alex Ferguson, en declaraciones recogidas por "La Vanguardia": "a veces te preguntas si los presidentes de los clubes hacen cambios porque piensan que si tienen un nuevo técnico se van a ganar los próximos dos o tres partidos. La historia te dice eso, pero nunca se sabe". Lo cierto es que se trata de clubes con una estructura sólida, bien planteada, con un historial en el que se manejan las cosas con "ciencia y técnica" de manera profesional, participando en las diversas ligas con altos estándares de competición y una gran organización, fundada en una rigurosa planificación y avalada con reglas claras.

He querido recoger este incidente para dibujar de alguna manera porque a pesar de este hecho y sus posibles interpretaciones, la liga inglesa y el equipo del Stamford Bridge no es puesto en cuestión, mucho menos entra en crisis el sistema y la estructura ni del club ni de la liga Premier.

Diferente es lo que sucede en nuestra realidad salvadoreña,, caracterizada por una cultura municipal donde los dirigentes, en su mayoría, viven o intentan exprimir desde sus puestos en la dirigencia, al fútbol nacional; un fútbol que carece de un sistema y una estructura sólida, institucional, con una visión de mediano y largo plazo.

Cada derrota, como la ocurrida recientemente cuando la Selección Nacional quedó fuera de las eliminatorias para alcanzar una plaza en Brasil 2014, ponen en entredicho desde las bases de la organización del fútbol nacional, la liga, las escuelas básicas, hasta la discusión sobre el cumplimiento del contrato y pagarle lo pactado a un entrenador que se contrató a "mitad del camino", porque el anterior se "fue como sirvienta", luego que se sintió amenazado por algunos dirigentes y criticado por la prensa.

Ahora la "gran pregunta", luego si se paga la deuda al entrenador mexicano, es ¿a quién contratar para que dirija los destinos de la Selección Nacional? Lo digo con claridad, este no es el punto, no es la gran pregunta, ni es clave, ni es lo fundamental o esencial. Lo realmente importante es cómo "plantear" un proyecto de mediano y largo plazo, que implique crear instituciones futbolísticas sólidas, en las que las fuerzas básicas, donde se forman los nuevos jugadores, tengan equipos serios y bien formados como administradores y entrenadores, que las ligas locales, donde verdaderamente se forjan los jugadores, estén bien organizadas, sustentadas con una administración técnica y profesional, donde los dirigentes sean eso, dirigentes y no cabecillas de una estructura de poder para alcanzar más poder.

Mientras no pongamos las tildes en el lugar indicado, nuestro fútbol seguirá siendo como lo era hace varias décadas, chuña, digno de jugarse en el "Polvorín" o en el "Cafetalón" de antaño.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com

Utilizamos cookies propias y de terceros para optimizar el rendimiento, mejorar la experiencia de navegación y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que acepta el uso de cookies. Más información.