Educación "light"

Cada vez que se conocen con decepción los resultados de las Paes, desde hace 15 años más o menos, me pregunto qué sentido tiene esta prueba si no está corrigiendo las fallas de la educación y parece que sólo nos sirve para autoflagelarnos.

Recuerdo que ese examen se instituyó con el propósito de medir la efectividad de la enseñanza y la capacidad de los estudiantes de asimilar conocimientos o bien de que los programas y metodologías fueron los adecuados o mejorados.

Pero lo más triste es que ahora como hace más de una década los jóvenes siguen teniendo la matemática y el lenguaje como las materias en las que son más deficientes. Aparentemente la causa es la mala base en aritmética y la falta de buena lectura, ilustración y capacidad de razonabilidad y comprensión de los muchachos, tan acostumbrados en este tiempo a ver la vida de manera superficial y exprés.

Educación "light", dirían algunos usando un término de moda y pensando que no se profundiza como se debería. Basta con preguntarles a muchos alumnos qué saben de la historia contemporánea salvadoreña, para que duden o contesten o superficialidades o distorsiones.

Si algo llegué a detestar yo cuando era estudiante fue tanto el nacionalismo exacerbado o fascistoide que se inculcaba al punto de empacharnos hasta la explotación del sentimentalismo, cursilerías y la sublimación que utilizaba la izquierda y que llevó a miles de jóvenes a ser sólo carne de cañón para que los más vivos estén felices y millonarios ahora.

No me parece ni la educación elitista como tampoco el que, argumentando "concientizar" a los jóvenes, se les infunda el odio de clases y que los ricos o la "oligarquía" son sus enemigos y que los que dicen representar al pueblo, que en realidad son los nuevos ricos, serán sus liberadores. Esa más bien es la fábrica de Bellosos, infundiéndoles odio, resentimiento y falsos heroísmos.

Sin embargo, con todo y los errores que pudieron haber hasta los 70 puedo decir que había un mayor esfuerzo por preparar a los muchachos. Clave en esto fueron los profesores normalistas, en especial nuestras abnegadas maestras, que nos enseñaron a pensar, a discernir, a soñar y, lo más importante, a amar a Dios y a nuestra Bandera.

Después de mis padres, quienes me enseñaron a rezar no fueron ni sacerdotes ni monjas, sino maestras normalistas, tanto o más entregadas a mi formación que a la de sus propios hijos.

Además de que había un mayor empeño en formar y en aprender, también la supervisión de la enseñanza era más efectiva. Pero luego vinieron las reformas, la politización y la ideologización, la supresión de los exámenes privados y llegaron las promociones automáticas. Resultado: muchachos que leen menos, que se informan mínimamente, que no tienen criterio y que van de puerta en puerta esperando que los den trabajo infructuosamente.

En lenguaje, por ejemplo, si la ortografía era el punto débil, ahora es peor con el tan de moda envío de mensajitos o las redes sociales. "Q kres lok", escriben o "tqm" o "xd", lo cual me resulta gracioso pero igual me preocupa que se pueda ir degenerando la escritura o que cuando lleguen a trabajar no puedan escribir bien ni su nombre.

A la inversa, conozco muchachos muy inteligentes, que ven los noticiarios, leen los periódicos, escuchan los programas de opinión en la radio y la televisión y están bien informados; tienen una gran capacidad de comprensión de la realidad, de comunicarse en público, de lanzar novedosas ideas y, sobre todo, no son presa fácil de los mercaderes de ilusiones… pero no han podido completar sus estudios por la necesidad de trabajar y las empresas no les han dado el apoyo que necesitan.

Por todos ellos, que deben de ser miles de miles, el sistema debería tomar medidas que realmente mejoren la educación: evaluaciones periódicas de los programas, supervisiones efectivas, incentivos para que se esmeren más los docentes y premios para los mejores estudiantes, becas para los alumnos más avezados, así como programas de rescate y refuerzo de los alumnos que tienen problemas de aprendizaje o deserción.

Además la educación debe dejar de verse como bastión de la lucha ideológica para pasar a ser motor de desarrollo y progreso, es decir, enseñarle a los jóvenes el amor por la ciencia y no el andar perdiendo el tiempo viendo "enemigos de clase" en todo.

Aprovecho para felicitar a los mejores de la Paes y a sus maestros, héroes anónimos, tanto por su entrega a la búsqueda del conocimiento y a pensar por sí mismos, como por ser baluarte y ejemplos para los demás jóvenes salvadoreños de que se puede estar entre los mejores.

* Editor subjefe de El Diario de Hoy.

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