OTROS EDITORIALES

El país que tenemos y el que deseamos

Por Claudia Umaña* Miércoles, 21 de Noviembre de 2012

Desde marcos teóricos se puede argumentar tal como lo hace Francis Fukuyama en su blog sobre democracia y corrupción, que la rendición de cuentas dentro de las instituciones democráticas, la libertad de los medios de comunicación y el acceso a la información son críticos para disciplinar la corrupción.

Sin embargo, en El Salvador, en las últimas semanas se han dado manifestaciones preocupantes de actos de corrupción y de faltas a la ética en grandes dimensiones, sin que aparezca una institucionalidad fuerte que le pueda hacer frente. Se debe reconocer que los temas han sido ampliamente cubiertos en los medios de comunicación, dejándolo todo a la luz de los ojos asombrados de la sociedad salvadoreña.

Pero sin la elección del Fiscal, se tiene limitado su rol de accionar a la justicia en defensa de la legalidad y en una situación de indefensión de los intereses del Estado y de la sociedad. Asombra el que diputados que sin mayores razonamientos votan por iniciativas de ley y repugna los señalamientos que esto es atribuible a recompensas económicas. Se requiere de un proceso de investigación serio para lo cual se deben activar las instancias judiciales pertinentes, haciendo uso de todas las herramientas legales que permitan esclarecer tal situación.

Se suma a la decepcionante realidad salvadoreña, la votación de un Presupuesto General del Estado 2013 que no fue sometido al análisis técnico que se requería, para cumplir con la función de ser una herramienta de planeación y monitoreo de la gestión pública. Nos hemos acostumbrado a que este instrumento esté totalmente politizado y desnaturalizado, puesto que desde el día uno el Presupuesto adolece de imprecisiones, como por ejemplo la falta de la inclusión de gastos significativos como lo son los subsidios a la electricidad, al transporte y al gas.

Sin mayor análisis se aprobó incurriéndose así en errores que tanto se han criticado en el pasado. Todo pareciera indicar que el bloque tiene la capacidad de aprobar una serie de leyes que claramente van a afectar aspectos económicos de trascendencia. Esa sombra aún se cierne sobre las últimas sesiones de la Asamblea Legislativa, la cual históricamente ha utilizado las fiestas navideñas como un distractor para la aprobación de leyes inconsultas. Sumando a lo anterior, la ciudadanía se lamenta el que se esté entrando con tanta anticipación en discusiones de carácter político electoral sin que se estén abordando temas que apremian como lo son la elección del Fiscal y la creación del Instituto de Acceso a la Información Pública los cuales, si se eligen con personas independientes, podrían cambiar el rumbo de deterioro y corrupción sobre el cual estamos transitando.

En las últimas semanas del presente año esperamos que los políticos reflexionen que deseamos un país de oportunidades, que potencie las capacidades de todos sus habitantes. Un país que se vuelva a destacar por su productividad. Un país donde exista armonía social, seguridad y paz. Para los que están ideando las formas de atraer electores, sería conveniente que además de lanzar nombres de los candidatos, respondan las preguntas de ¿Qué harán para lograr el país que deseamos? y la pregunta aún más importante que esperamos precisión en la respuesta es ¿Cómo?

*Colaboradora de El Diario de Hoy.

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