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Brasil sigue de referente para El Salvador

Por Ricardo Esmahan* Lunes, 19 de Noviembre de 2012

Los índices de inseguridad, resultantes de la delincuencia y la anarquía social en sus múltiples expresiones, como es la extorsión, tienen sustento en causas estructurales. Pero sería injusto adjudicarlo sólo a las condiciones de pobreza que provocan exclusión social. También se debe considerar la pérdida de valores, la que invade diferentes estratos sociales, hasta las esferas políticas y de poder público.

La decadencia en pérdida de valores de la clase política ha escalado niveles tan complejos y alarmantes que rebasa en mucho la existencia de acciones corruptas individuales. Es preocupante que se exprese en la configuración de estrategias políticas tan pragmáticas, que tienen como eje el corromper conciencias para incidir en alianzas, el control de instituciones públicas y la compra de voluntades, incluso, la conciencia de votantes.

Lo que posibilita este deterioro tan profundo del actuar político es la abundante disponibilidad de recursos en manos de estructuras de conducción, que a toda costa pretenden mantener el control de sus institutos políticos (cúpulas) y no permiten la renovación de liderazgos. Manteniendo a verdaderos líderes en segundos cargos. Las fuentes de estos recursos son el uso patrimonialista del Gobierno adoptando la forma de populismo o de fondos frescos extranjeros, cuya finalidad es incidir en la política interna salvadoreña, lo que dista de donativos por solidaridad tradicional.

Las alianzas en bloque, sin programa ni ideología común, que actúan para controlar las instituciones públicas, revelándose incluso contra el orden constitucional, es expresión del deterioro moral que carcome los institutos políticos. Y para el control legislativo, se acude a prácticas que riñen con la ética y la moral, sea de izquierda o de derecha.

Grupos de políticos obscuros que pretenden perpetuarse en el poder necesitan corromper sus instituciones partidarias, sus alianzas, las instituciones de Gobierno, e incluso, al mismo votante. Y crean aparatos para buscar comprar con dádivas que suman millones de dólares para sostener a viejos líderes pese a su impopularidad, candidatos antipáticos ante sus bases y la opinión pública. Centran sus estrategias en el viejo dicho: "chequera mata galán".

Pero no se pierde la esperanza. Impacto internacional tuvo el caso ejemplarizante de Brasil. La sentencia del Supremo Tribunal de Justicia de ese país contra 25 acusados, vinculados a actos de corrupción política, liderada por José Dirceu, quien fue Ministro de la Presidencia y mano derecha del ex Presidente Luiz Ignacio Lula da Silva. Dirceu y sus compinches fueron refundidos en la cárcel hasta por más de diez años, por su participación en la compra de votos y voluntades, por sus acciones de corruptores durante el primer Gobierno de izquierda brasileño (2002 a 2005).

Altos dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT) estructuraron una red de corrupción que se valió de recursos públicos para financiar campañas políticas y sobre todo para comprar el apoyo en el Congreso de dirigentes de los cuatro partidos políticos, que garantizaban al Gobierno la mayoría legislativa.

La sentencia del Supremo Tribunal fue contundente al afirmar: lo que sucedió fue un "delito de lesión gravísima a la democracia al ser pilares importantísimos de la sociedad los que fueron disminuidos o ensuciados".

"Fue un grupo de delincuentes que avergonzó a toda la política brasileña", declaró Celso de Mello, quien agregó que el Supremo Tribunal no juzgó "actores políticos, sino a criminales que atentaron contra la República y la Constitución".

Junto a Dirceu cayó bajo el peso de la Ley José Genoino, ex Presidente del Partido de los Trabajadores. Ambos fueron condenados por la trama con la cual el PT sobornó a dirigentes opositores a cambio de su apoyo al Gobierno.

Sin duda alguna, Brasil seguirá siendo nuestro referente hasta las últimas consecuencias.

* Columnista de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com

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