Tarjetas de crédito: ¿prohibir la fiebre?

La tasa de interés es el precio más importante de la economía. Quienes se niegan a entenderlo deberían averiguar cuál fue la chispa que hizo estallar la crisis financiera internacional en 2008. Se enterarían que fue la manipulación de la tasa de interés. Que es el precio del crédito.

Expertos en "fulbito" para la tribuna, siempre buscando el aplauso fácil, los populistas criollos quieren prohibir la fiebre sin atacar la enfermedad. Dicen ser de derecha, dicen ser de izquierda. Dicen cualquier cosa.

La reforma a la "Ley del sistema de tarjetas de crédito" quedó en el limbo, y no tuvo avances luego de las observaciones presidenciales que indicaban que "existen otras entidades comerciales que no siendo emisoras ni co-emisoras de tarjetas de crédito, según lo definido en la Ley, otorgan créditos incluso a tasas más onerosas que los mencionados emisores y pese a esto, no serían objeto de regulación...". Absolutamente cierto.

También se sigue haciendo caso omiso a un análisis técnico impecable, más antiguo aún, elaborado por el Banco Central de Reserva y la Superintendencia del Sistema Financiero durante la actual administración, que bajo el título "Mercado de tarjetas de crédito en El Salvador", indicaba en sus conclusiones que "la experiencia internacional demuestra que la intervención en el mercado para fijar una tasa de interés máxima en las tarjetas de crédito, provoca incentivos fuertes a los emisores para excluir a los deudores cuya prima por riesgo no se vea compensada con el techo...". Así son las cosas en este planeta.

La ley vigente tiene aspectos cuestionables: en su artículo 35, inciso d), indica que entre las "obligaciones de los comercios afiliados" se encuentra la de "no aumentar el precio del bien o servicio por compras con la tarjeta de crédito".

Peor aún, y absolutamente indefendible, es la segunda parte de ese inciso, que impide "diferenciar (precios) por compras en efectivo". La ley actual le cuida el negocio a las tarjetas de crédito. No vaya a ser que la gente exija descuentos por pago en efectivo, algo legítimo por naturaleza pero ilegal en El Salvador. Y que a los bancos se les reduzca el negocio. Habría que ser ingenuo para no verlo.

Pero, ¿por qué a quienes tienen un bajo límite de crédito los bancos les cobran una mayor tasa de interés? La respuesta, estrictamente técnica, es que hay dos motivos:

El primero es que el costo de administrar un crédito no varía sustancialmente si es de $300 ó si es de $3,000. Si una institución financiera le cargase, digamos, $60 anuales en concepto de gasto operativo a ambos créditos, para el primero representaría un 20% del monto, pero para el segundo sería apenas un 2%. Allí ya hay 18% de diferencia, y no por diferencia de riesgo.

Si a un banco lo obligasen a cargar el 2% a ambos créditos, abandonará las operaciones pequeñas.

Y el segundo motivo es el riesgo. El crédito de $300 seguramente no tiene garantías, y pertenece a una cartera con una morosidad mayor que la del crédito de $3,000. La tasa de interés no puede ser igual para ambos: algunos representan para los bancos un mayor riesgo que otros. Y eso se refleja en un componente de la tasa de interés denominado prima de riesgo. No es por maldad, sino para cubrirse de impagos.

El dinero que la banca otorga en préstamo, incluido el de las tarjetas de crédito, es de los depositantes. Sería interesante preguntarles a quienes promueven techos al precio del crédito, si estarían dispuestos a poner en riesgo su dinero ("su" de ellos...), cuando los bancos no cobren primas de riesgo adecuadas.

En vez de pretender torpemente prohibir la fiebre, el camino es atacar esa miserable enfermedad social llamada pobreza. Esa que solamente el capitalismo moderno demostró ser capaz de erradicar.

El Salvador, desafortunadamente, apenas conoce las burdas imitaciones mercantilistas del capitalismo moderno. Pero nunca es tarde para comenzar.

Hasta la próxima.

* Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires).

Columnista de El Diario de Hoy.

alejandro_alle@yahoo.com