La vergüenza y el honor

Por Teresa Guevara de López* Sábado, 17 de Noviembre de 2012

Cuenta Bertolt Brecht en su obra "La persona buena de Sezuan", que tres dioses bajaron a la tierra buscando la honradez, y tras realizar una prueba, regresaron al cielo convencidos de que la bondad había desaparecido de la faz de la tierra. En nuestro país, también parece que el honor y la vergüenza no son patrimonio de nuestra clase política.

Los diputados Jesús Grande, Sigifredo Ochoa Pérez, Rigoberto Soto y Santos Adelmo Rivas, han demostrado desconocer el honor y perdido totalmente la vergüenza, al haberse aliado al FMLN/GANA, votar por el presupuesto y justificarlo como voto de conciencia. Aunque los ciudadanos sabemos que únicamente motivaciones económicas pueden haberlos llevado a cometer semejante traición.

En artículo reciente, Joaquín Samayoa expresa que no pueden alegar discrepancia con la dirigencia del partido, cuyos votantes los llevaron a la Asamblea, pues ARENA no ha experimentado cambios en los últimos años, mantiene las mismas autoridades, la misma ideología y el mismo modo de ser. Claudio de Rosa considera legítimo el voto de conciencia y discrepar con el partido, por razones de principios o creencias religiosas, en temas como la pena de muerte, el aborto, matrimonio entre personas del mismo sexo, pero jamás por un presupuesto.

Pero ninguno de estos Judas podría tirar la primera piedra por sentirse libres de pecado, cuando en sus antecedentes hay señalamientos de vida privada disipada, dificultades financieras, acoso sexual y otras lindezas. Cuando ninguno de ellos es especialista en finanzas, como para haber analizado seriamente el presupuesto 2013 (tan cuestionado por verdaderos expertos) y haberlo aprobado para beneficio de la población. Si la cara no se les ha caído a pedazos de vergüenza, por el atrevimiento de mentir tan descaradamente, es porque la desconocen.

Y como la sinvergüenzada es contagiosa, siguen apareciendo más funcionarios que la practican, como Carlos Acevedo, del BCR, quien considera que para rellenar el agujero fiscal, hay que aumentar los impuestos a la clase media del país, porque si tienen la capacidad de comer los fines de semana en restaurantes de comida rápida, es que les abunda la plata para derrocharla. Olvida que la clase media depende exclusivamente del sueldo, que automáticamente le descuentan una renta que jamás le devolverán, y tienen muy pocas deducciones. Y remachó diciendo que el nuevo impuesto sobre residencias de lujo, no debía gravar sólo las valoradas en $350,000, sino desde $50,000.

El Ministro Cáceres no puede enrojecer de vergüenza, si se ha atrevido a tildar de "economicidas" a prestigiosos profesionales, que con cifras reales y sólidos argumentos, han criticado el manejo de las finanzas públicas y los absurdos presupuestos que ha venido presentando durante su gestión. Sin haber estudiado economía, cualquier ama de casa responsable, al elaborar su sencillo presupuesto, sabe que sus ingresos deben superar los gastos, pues si ocurre lo contrario, debe empezar a fiar en la tienda. Con cara dura, el Ministro y los diputados declararon que para terminar este año, ya no hay recursos, porque el presupuesto anterior, también estaba desfinanciado y dependía de más préstamos para gasto corriente, y volverán a repetir la historia.

Sin embargo, y a pesar de lo anterior, el honor existe todavía, muy bien arraigado, en el corazón de todos los salvadoreños, unido a la vergüenza de haber elegido funcionarios que han abusado de la confianza en ellos depositada, haciendo oídos sordos al clamor popular, de detener el despilfarro descarado de los tres poderes del Estado, en lujos, prebendas, y bonos millonarios, que forman parte de sus políticas populistas para conseguir más votos.

* Columnista de El Diario de Hoy.

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