OTROS EDITORIALES

Cada final es un principio

Por Mario González* Sábado, 17 de Noviembre de 2012

Amedida que nos acercamos a diciembre, más gente se pregunta si se acabará el mundo como presagian algunos con base en las creencias asociadas al calendario maya.

Lo mismo ocurrió cuando estaba por llegar el año 2000 y nada pasó.

A los salvadoreños lo apocalíptico parece no quitarles el sueño, porque están acostumbrados a que el mundo se les venga encima cuando llega fin de mes y no les alcanza para pagar la casa o el colegio de los niños, los "chillos" o el supermercado.

Dicen que una vez Don Bosco le preguntó a uno de sus niños más queridos, Domingo Savio, mientras jugaba, qué haría si en ese momento llegara el fin del mundo, y el pequeño le contestó con candidez: "…Seguiría jugando…".

El que nada debe, nada teme, diría yo agregando a la respuesta de quien llegaría a ser Santo Domingo Savio.

Lo cierto es que los finales son en el fondo nuevos principios, nuevas oportunidades, nuevos retos, nuevas vidas.

Siempre he pensado que Dios nos hizo para la eternidad y lo que realmente termina son ciclos de vida, pero que dan paso a otros, como las serie de cuentas que van formando los misterios de un rosario. La misma muerte es el principio de una nueva existencia.

Pero, ¿y no va a llegar el fin del mundo?, me preguntarán algunos y yo les digo que el fin del mundo como se proyecta, incluso en películas cataclísmicas y con derroche de efectos, no me preocupa. Lo que me aterra es el fin de mi mundo, mi muerte, que puede llegar en cualquier momento y encontrarme sin estar preparado y mucho menos sin haber hecho lo suficiente por mi familia, por mis hermanos y por mí mismo.

Un amigo muy querido pero muy dado a los vicios y desatender a su familia me decía que él estaba seguro de que cuando muriera se iría al cielo, porque bastaría con arrepentirse de todas sus culpas para que Dios lo perdonara en ese momento. Y yo le preguntaba en seguida: "¿Y vas a tener tiempo de arrepentirte?". La respuesta fue un encogimiento de hombros.

Por mucho que vayamos al gimnasio, comamos alimentos santos, trotemos por las mañanas y nos vitaminemos y hagamos chequeos periódicos, la muerte puede llegar en un abrir y cerrar de ojos, como a aquellos que iban felices en un taxi y se repente les cayó una rastra desde el paso a niveles de Montserrat o los hermanos evangélicos que fueron arrastrados por la correntada en la Málaga en 2008 o los niños que murieron de igual manera en San Miguel hace unas semanas.

La bien recordada Mercedes Sosa cantaba que "sólo le pido a Dios… que la reseca muerte no me encuentre vacía y sola sin haber hecho lo suficiente…". Lo suficiente por los míos y por mi Patria.

En todo caso, lo que parezca fatal o las vicisitudes siempre serán una oportunidad. La crisis de 2008, por ejemplo, sirvió a muchos para sanear sus finanzas, cuidar más sus gastos, redistribuir mejor su dinero, ahorrar combustible, ser más austeros, eficientes y justos en el manejo de sus cuentas.

Llegar a padecer de diabetes es terrible para muchos, pero aprenden a llevar una dieta más saludable, a cuidarse más de no lesionarse, a chequear más seguido su presión, etc.

Gracias a Dios, muchos podemos decir que no conocemos el fracaso, sino sólo reveses, porque hemos podido convertir cada aparente derrota en una victoria… las cosas, por más desagradables que sean, han llegado para bien…

Cada día es una oportunidad de ser mejores y estar mejor. Después de las tormentas el sol se abre paso entre el cielo azul; lo más profundo y oscuro de la noche termina descubriendo al día esplendoroso; aun las tragedias más insufribles son desplazadas por la fe, el coraje y las ganas de vivir.

Recuerdo que cuando veía más seguido en el Don Rúa a otro seguidor de Don Bosco, al padre Alfredo Hasbún, yo le preguntaba: ¿Cómo está, padre? Y él, aunque aquejado por la enfermedad, me contestaba con una sonrisa: "Mejor que ayer…". A la siguiente mañana volvía a preguntarle cómo seguía, y me respondía invariablemente: "Mejor que ayer…". Y así sucesivamente jornada tras jornada.

Nuevamente digo que el verdadero fin del mundo no me preocupa, porque de niño me enseñaron que ese día Dios en persona "enjugará toda lágrima y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas habrán pasado…" y darán paso a un cielo nuevo y una tierra nueva.

Así aprendí que entonces lo mejor siempre estará por venir…

* Editor Subjefe de El Diario de Hoy

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