Uribe: Las afirmaciones incómodas

Por Luis Mario Rodríguez R.* Sábado, 17 de Noviembre de 2012

No es extraño que Álvaro Uribe Vélez visitara El Salvador por invitación de un instituto de estudios políticos vinculado con la derecha política. Lo relevante no fue quién tomó la iniciativa. Lo verdaderamente curioso es que durante su conferencia, a veces entre líneas y en otros momentos de manera directa, el expresidente colombiano sorprendió a más de algún militante partidario con la evolución de sus ideas políticas.

Analizar la reiteración de sus principios liberales no es importante para esta reflexión. Ese aspecto afianzó las ideas de quienes han adoptado este sistema como la opción de su pensamiento político. Lo interesante es profundizar en aquellos planteamientos que ejemplifican las luces y sombras de un líder que supo adaptarse a la realidad y que demuestran la capacidad de trascender al estéril debate entre derechas e izquierdas. También destacan los defectos. Aquellos que acercaron al expresidente a las actitudes y ambiciones que él mismo criticó en sus pares suramericanos.

El primer asunto incómodo al que se refirió fue el de la democracia participativa. No lo hizo como académico, aunque le sobran títulos de las mejores universidades del mundo. Su planteamiento es consecuencia del ejercicio del poder en la máxima posición política durante ocho años. Una práctica por cierto muy cercana a la gente. Dice que su salario lo recibió por saludar a los ciudadanos en sus dos mandatos consecutivos y que la cercanía con ellos a través de encuentros semanales para discutir el estado de la seguridad pública le facilitó la toma de decisiones.

El exgobernante no hizo de la democracia participativa el centro de su mandato. No intentó concentrar el poder político a través de referéndums, aunque promovió uno con el propósito de lograr la venia constitucional para su segunda reelección. Finalmente esa intención no se concretó debido a la anulación del proceso por parte de la Suprema Corte de Justicia que señaló el incumplimiento de formalidades legales en el procedimiento. Una resolución que Uribe acató de inmediato.

La apertura del exmandatario a instrumentos participativos para fortalecer la democracia representativa no fue un cálculo político. Su sencillez y al mismo tiempo personalidad irreverente, le hizo comprender que Colombia necesitaba dialogar. Con esa convicción recorrió el país y según él, mantuvo una campaña constante que le permitió encontrarse permanentemente alerta de las necesidades ciudadanas.

En segundo lugar, el líder colombiano recordó a la audiencia que no es posible un capitalismo sin instituciones independientes. Es muy probable que esta aseveración haya generado remordimientos de conciencia entre muchos de los asistentes al evento. El deterioro institucional en El Salvador no inició ni con la actual administración ni en la presente legislatura. Si bien se ha profundizado en los últimos dos o tres años, sus raíces empezaron a fortalecerse poco después del Acuerdo de Paz, cuando se decidió en un pacto silencioso y bajo la mirada de una sociedad civil débilmente organizada, repartir las principales entidades entre los diferentes partidos políticos.

Finalmente Uribe habló del desarrollo social. El "valor agregado" de su charla en este ámbito fue incluir la cohesión social dentro de los cinco valores democráticos que ha promocionado desde su incursión en política. Los otro cuatro son la seguridad democrática, la libertad, la independencia de las instituciones y la participación ciudadana. Señaló que la iniciativa privada es fundamental para la reducción de la pobreza. Que no importa gravar la riqueza siempre y cuando los mismos empresarios supervisen el uso del dinero con su participación en comités específicos. No reparó en reclamar una mayor responsabilidad social empresarial y sorprendió a varios cuando avaló la política de Ollanta Humala en Perú.

Álvaro Uribe es un hombre polémico. Se ha convertido en el crítico más severo de Juan Manuel Santos, su exministro de Defensa y sucesor en la presidencia. Lo acusa de alejarse de los valores democráticos que dice haber impulsado en sus ocho años de Gobierno. Intentó reelegirse en un tercer mandato al mejor estilo de Correa, Evo Morales y Hugo Chávez, pero la justicia colombiana se lo impidió. Cree en las libertades, en un papel reducido del Estado, pero a cambio demanda una inmediatez permanente con los ciudadanos. Esta combinación de factores lo convierte en un personaje híbrido e incompatible con la pureza de los principios que ilustran a la organizaron y al partido que lo invitó al país. Viene bien el contraste de posiciones y la reflexión acerca de lo perjudicial que puede llegar a ser el dogmatismo ideológico.

* Columnista de El Diario de Hoy.

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