El sueño de Krissia

Al borde de las ocho con treinta minutos Luis llegó de nuevo a casa. Terminaba otro día agotador. Incluso para él, acostumbrado a trabajar desde temprana edad ya que, años atrás, al tomar en brazos por primera vez a su pequeña bebé la vida le tomó otro sentido. Deseaba darle a ella todas las oportunidades posibles y así, adolescente aún, comenzó su vida de adulto.

El esfuerzo no resultó ser vano ya que Krissia demostró especial dedicación a sus estudios. Además, era evidente su entrega a las actividades de la iglesia, donde servía con entusiasmo en todo lo que se necesitara. Al graduarse de bachiller optó por estudiar medicina. Una carrera demandante que le arrancaba horas al sueño. A veces Luis observaba a Krissia. En ocasiones la encontraba estudiando y otras veces vencida por el sueño con sus brazos rodeándole la cabeza, característica muy de ella.

Ese jueves, al volver a casa, encontró que por diversas razones su familia no había ido a la iglesia, excepto Krissia. Caía una fuerte tormenta y comenzó a preocuparse porque el tiempo transcurría y su hija no aparecía. Quizá la tormenta la había encerrado en algún lugar. Su reflexión fue rota cuando el celular timbró. Era Krissia, quien le dijo: "Papi estamos en el bus y se ha quedado por la gasolinera Málaga".

Luis salió corriendo llevando ingenuamente un paraguas para cubrir a Krissia. Llegó hasta la Texaco Modelo confundido por la poca información recibida. Desde ese punto vio asustado una impresionante correntada de agua que bajaba aparentemente de la Calle Montserrat. El celular timbró de nuevo: "Papi, el bus se sigue llenando de agua, por favor, apúrese". Sin imaginar la situación Luis le dijo que se bajaran del bus pero ella respondió que no podían porque era mucha la fuerza del agua.

Luis estaba rendido por haber corrido un buen trecho. Pero, la grave aflicción que expresaba la voz de su hija le hizo recobrar fuerzas. Ahora avanzaba penosamente contra la corriente con el agua hasta las rodillas. Su corazón latía tan fuerte que lo escuchaba golpear sus oídos. Siete minutos después una nueva llamada: "Papi, apúrese. El agua está arriba de los asientos". Hundido en la impotencia Luis pidió ayuda a Dios y continuó contra la corriente. Exhausto alcanzó la Colonia Málaga donde encontró a unos bomberos que le dijeron: "Allí había un bus pero parece que ya se fue". Al dirigir su mirada hacia el puente de la 17ª Avenida Sur corroboró que no había nada. La situación era confusa. Pero alguien le mencionó de una persona que tenían en el local de la Cruz Verde. Allí encontró a Fabricio quien le relató lo ocurrido y le confirmó que Krissia estaba en el autobús cuando fue arrastrado.

Al día siguiente, Luis se organizó con otros familiares de desaparecidos y comenzaron a peinar el Arenal Montserrat, siguiendo la dirección de las aguas. Ya no tenía ilusiones, solamente quería el cuerpo de su hija. En el recorrido fueron encontrando los primeros cuerpos. Al tercer día, cerca del mediodía, a la altura de Aguilares, encontró a Krissia. No fue difícil reconocerla, dormía con sus brazos rodeándole la cabeza, característica muy de ella.

* Pastor general de la misión cristiana Elim.