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Serenata de cultura, sensibilidad y espiritualidad
El Dr. Alfredo Martínez Moreno es uno de los tanques de pensamiento más ilustres y reconocidos en El Salvador, a lo que se suma ser una de las voces más elogiadas en el ámbito político y cultural salvadoreño. Podría especularse, que siendo una persona sumergida en un eterno torbellino de reflexiones patrióticas de cómo encauzar a buen puerto a su país, para que no zozobre ante las tempestades de actuales incongruencias y despropósitos que lo abaten, además de sus múltiples ocupaciones como jurisconsulto, no tendría tiempo para la sensibilidad y espiritualidad.
Pero esa persona no es Alfredo, quien al lanzar su libro "La serenata de Schubert" hace unos días, nos evidencia su fuerte espiritualidad, llamándola "desahogo espiritual". En la obra vemos igualmente destacada su profunda sensibilidad humana, mediante una insondable sapiencia musical expuesta con sutil delicadeza, que incorpora a la vez a sus propias experiencias, recuerdos y propios sentimientos, coronando así un excepcional desarrollo intelectual que puede percibirse allí vívidamente.
Teniendo con Alfredo y su esposa Alicia una estrecha amistad desde siempre, siento que puedo atribuirme, sin temor a equivocarme, que mi opinión representa el sentir de la mayoría de quienes lo conocen. Esto es respecto a la dificultad de encontrar en esta época a alguien que siendo considerablemente brillante, poseedor además de una exquisita conversación que cautiva la atención sin dejar nada a la imaginación, haya podido también en este libro comunicarnos tan placenteramente una fantástica conjunción "paisajista" musical literaria, evocando a grandes compositores de la música clásica como Schubert, y a otros no menos famosos pero del campo poético literario, como Alfred Musset.
Mi padre fue un eterno enamorado de la música, habiéndonos inducido a mis hermanos y a mí a deleitarnos con ella, a versarnos en todo lo concerniente a la cultura musical y a instruirnos con las historias de los más grandes músicos de la época clásica y romántica que a él le embelesaron, como Schubert, Liszt, Mozart, Haydn, Mendelssohn, Chopin, Brahms y otros. Podría decirse que logró bastante su propósito con algunos hijos, pero creo que especialmente conmigo, por haberse preocupado de instruirme en el Bel-canto con reconocidos maestros del Conservatorio de Montreal, cuando cursé mis estudios de secundaria en esa ciudad. Por esa razón yo me suponía ---aunque con las normales naturales limitaciones por no haberme sumergido en un verdadero profundo estudio-- bastante entendida en este tema. Tristemente, ahora después de leer este libro ---e invocando las palabras de Sócrates "yo sólo sé que no sé nada"--, reconozco, admitiendo la cruda realidad de cómo podemos desconocer cosas muchas veces, poniendo sobre la mesa de la honestidad mis neófitas nociones en esta temática. Entre otras, ante la palabra "laid", que nunca había escuchado, debí acudir al diccionario para conocer su significado lingüístico, cual es ponerle música a un poema.
Indudablemente jamás dejamos de aprender y es la lectura de buenos libros como "La serenata de Schubert", que abre una de las principales puertas del saber.
Esta obra que no debería faltar en ninguna biblioteca, especialmente de instituciones educativas, nos presenta a un verdadero conocedor de lo que significa la cultura en todo el sentido de la palabra, Dr. Alfredo Martínez Moreno, obsequiándonos el escritor con ella, un soplo de brisa fresca y de solaz tan necesarios en estos difíciles tiempos.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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