Dados tirados para sentarse en la Oficina Oval

Los debates presidenciales para llegar a la Casa Blanca se han convertido en verdaderos eventos mundiales, con la expectativa del mito de que si el candidato Presidente pierde debate, pierde elección. Ello obliga a tener presente que en el primer debate vimos un Obama que no conocíamos, sin sus dotes de oratoria esperada, lo que sorprendió a todos. Luego del 3 de octubre era de esperar que en los próximos dos debates el Presidente cambiaría su actitud, luciera su agilidad de palabra y mejorase estrategias.

Y en efecto así sucedió, el Presidente Obama fue claramente menos pasivo en el segundo debate. Sus partidarios recobraron la confianza en su energía, agresividad y determinación. Sin embargo, aunque Obama mejoró su estilo muchos creen que le falto un poco de honestidad.

Romney se mostro fuerte en este segundo encuentro, pero no se mostró tan bueno como en Denver. Perdió grandes oportunidades, especialmente sobre temas relacionados a Libia y los problemas energéticos, entre otros.

Pero lo inesperado esta vez fue la injusta intervención de la moderadora Candy Crowley, corresponsal de CNN, quien pareció actuar con simpatía al Presidente. Con la intervención de la moderadora Crowley, los republicanos vieron una justa de uno contra dos, especialmente en momentos que Obama tenía que haber estado presto a responder y defenderse.

La imprudencia de Crowley la llevó a responder en lugar del debatiente, al meter su cuchara y decir que el pasado 12 de septiembre el Presidente calificó el ataque a Bengasi como acto terrorista. Pasará a la historia este debate como mesa desnivelada para favorecer a un gran orador que se quedó pensativo.

Lo que pasó es que la Administración Obama por alguna razón decidió no querer admitir que los ataques perpetrados en Bengasi, Libia, fueron realizaron por aliados de Al Qaeda, en el ataque mortal a su embajada efectivamente realizados por aliados de Al Qaeda. Se critica a la administración su postura de echar culpas sólo a la película estúpida hecha por un extremista anti-musulmán.

Si bien las encuestas dan al Presidente Obama como vencedor en el segundo debate, a estas alturas Rommney ya se posicionó en claro empate (47%) en la intención de voto para el próximo 6 de noviembre. Las encuestas diarias reportan en crecimiento al candidato republicano. En lo que resta, la batalla se centrará en los estados como Ohio y Florida, y los votos electorales.

El debate en Florida se realizó anoche, abordando la política exterior. Su temática tiene tantos frentes e inquietudes a los cuales tuvo que responder la Presidencia, como por ejemplo: ¿Qué ante una China emergente? ¿Se convertirá Irán en una potencia nuclear? ¿Los precios del petróleo seguirán al alza? ¿La Unión Europea se acerca al colapso? ¿Habrá otro ataque terrorista contra sedes diplomáticas norteamericanas? ¿Seguirá proliferándose Al Qaeda en el Norte de África? Estas entre otras realidades complejas.

La verdad es que mientras un Presidente norteamericano cuenta con autoridad y mayor libertad en política exterior, respecto a la política interna, en la crisis global como la actual libertad de acción de la Oficina Oval se verá sumamente limitada, ya que se debe enfrentar a la opinión pública interna, la política partidista y, sobre todo, las realidades de la geopolítica.

Romney y Obama, pueden diferir en pensamiento ideológico, pero para ser electos deben dejar claro al votante sus diferencias en ideales, propuestas y políticas para mantener el liderazgo norteamericano. Pero los acontecimientos del mundo inevitablemente se impondrán a cualquier forma de abordar la política exterior, más allá de las intenciones de los candidatos. Y los resultados serán los mismos sin importar quien resulte electo.

* Columnista de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com

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