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Eurobonos 2023: ¿criterio 84 vs capricho 0?

Por Alejandro Alle * Lunes, 22 de Octubre de 2012

Visto con cierto escepticismo, pudiera decirse que la reciente votación en la Asamblea sobre el eventual vencimiento los US$ 800 millones de eurobonos con opción a ser cobrados en enero de 2013 fue, en verdad, la siguiente: "temor a la condena social 84 vs. voluntad de autodestrucción 0".

Y visto con moderado optimismo, el comentario sería: cuando quieren (o cuando temen…), pueden. Y bien que pueden. El dato debiera ser tomado por la sociedad como aviso de que a la clase política se le puede incrementar la exigencia. Y también, claro, como aviso de que hay que provocar las circunstancias.

Porque está a la vista que los discursos baratos y las pseudo-ideologías (léase excusas para no pensar), que dicen profesar unos y otros, en determinadas circunstancias se desvanecen. Como en este caso, donde no los unió el amor sino el espanto. El espanto ante la posibilidad de ser condenados socialmente como culpables de un eventual default (impago) de la deuda pública.

Esta historia comienza en enero de 2003, cuando fueron emitidos eurobonos (títulos de deuda) a 20 años por US$ 800 millones, con la particular característica de que los acreedores de dicha deuda tendrían el derecho (pero no la obligación) de cobrarla de manera anticipada a los 10 años. Es decir, en enero próximo.

Es probable que esos acreedores, entre los cuales están las AFP, no quieran ejercer el derecho de cobrar esa deuda de manera anticipada, y que prefieran seguir siendo acreedores por otros 10 años más, hasta el vencimiento de los 20 años. La realidad es que no les convendría vender esos títulos ahora porque actualmente el mercado financiero ofrece tasas menores.

Los que dicen ser de izquierda argumentaron, con razón, que hay que tener disponible el dinero para los acreedores que quieran cobrar anticipadamente. Y los que dicen ser de derecha respondieron, también con razón, que el dinero disponible sólo debiera poder utilizarse puntualmente para honrar dicha deuda, y no para gastos fuera de presupuesto. Discursos válidos pero autistas…, porque no se escuchaban.

Un default hubiera sido un mensaje nefasto en términos del costo futuro de la deuda pública de El Salvador: las tasas de interés se habrían disparado al alza, y el servicio de la deuda (intereses) se habría incrementado sustancialmente para toda emisión/renovación futura de deuda. Hubiera sido un lamentable tiro en el pie. En el pie de El Salvador, que es lo más grave.

Y también hubiera sido absolutamente innecesario, pues la situación fiscal sigue siendo manejable. Pero hay que manejarla bien, claro…, especialmente por el lado de la calidad de los gastos.

Inclusive, aun si no se hubiera llegado a un default, la mera sospecha por parte de los mercados financieros internacionales de posibles problemas con la disponibilidad de fondos para honrar el vencimiento de una deuda pública, habría generado bajas en las calificaciones de riesgo.

Y ese no hubiera sido "un problema de Wall Street"…, como a algunos ingenuamente ideologizados les gusta creer, sino uno concreto de más necesidad de dinero para pagar los intereses de la deuda en el futuro. Y en consecuencia, un problema concreto de menos dinero disponible para salud, para educación y para seguridad en el futuro. No es un asunto ideológico, sino uno de cosas concretas. Al menos, mientras vivamos en este planeta.

Finalmente, el resultado 84-0 permite abrigar esperanzas de que alguna vez se entienda que El Salvador tiene dos elementos diferenciadores que lo ponen en una situación de privilegio: 1) un tamaño pequeño que le permitiría desarrollar una agilidad que países más grandes jamás tendrán, y 2) un sistema de gobierno, tanto Ejecutivo como Legislativo, básicamente unitario: todo se decide en San Salvador, a diferencia de lo que ocurre en países políticamente más complejos, donde los gobiernos provinciales tienen poder de decisión real.

Lo que también debe entenderse es que los problemas, en verdad, nunca son "de Wall Street". Son de El Salvador.

Hasta la próxima.

* Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires).

Columnista de El Diario de Hoy.

alejandro_alle@yahoo.com

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