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El azul y blanco del deporte
El deporte es un motor de desarrollo social y factor clave de integración nacional para muchos países en el mundo. La actividad deportiva permite a una sociedad subir la autoestima, mejorar el nivel de salud física y mental, elevar la competitividad individual, formar carácter y disciplina, generar respeto a las reglas e incrementar el nivel cultural.
El Salvador tiene problemas prioritarios dentro de su agenda nacional: poco crecimiento económico, inseguridad ciudadana, inestabilidad política y jurídica, pobreza y desempleo entre otros. Generalmente y aunque no los resuelven, los gobernantes de turno se enfocan en los problemas coyunturales, dejando de lado las apuestas estratégicas de futuro como el deporte.
En nuestro país nacen y se forman de manera natural muy buenos deportistas, que luchan con muchas condiciones en contra y que aun con el poco apoyo que tienen, se fajan por competir y representar el azul y blanco de nuestra bandera. Lastimosamente, acá no existe una visión de Estado de dónde queremos llegar. Muy pocas escuelas y colegios tienen la materia de educación física en su programa educativo y si existe, es la menos importante dentro de éste.
Hace años que las competencias deportivas estudiantiles disminuyeron su nivel de calidad y de convocatoria. Las universidades promueven poco el deporte dentro de sus estudiantes. Los campeonatos de las ligas mayores están relegados y sin apoyo. La infraestructura deportiva es limitada, ya que no se cuenta con escenarios deportivos suficientes, y los pocos que se tienen están en pésimas condiciones.
El INDES, ente rector del deporte en el país, pareciera que no tiene un plan estratégico y aunque lo tuviera, no posee el presupuesto necesario. Y por si fuera poco, son contados los dirigentes deportivos que se entregan con pasión y con la única finalidad de hacer Patria a través del deporte.
Al juntar estar variables, no debe extrañar por qué no podemos brillar en las competencias deportivas que participamos y de alguna manera, porque nuestra sociedad está fragmentada con maras delinquiendo y jóvenes en drogas. Es tiempo de hacer un alto en el camino y que la clase política comprenda la importancia de la actividad deportiva en una sociedad, y más, en una tan joven como la nuestra. Hay que apostarle en grande al deporte y asignar un presupuesto serio, que permita implementar una política pública que genere verdadero impacto social.
Se debe de implementar la educación física con buenos profesores en todo el sistema educativo público y privado. Hay que construir y equipar estadios deportivos, canchas de fútbol, baloncesto, tenis, piscinas y gimnasios en todo el país. Es importante traer entrenadores extranjeros a compartir conocimientos y preparar a nuestros atletas, así como brindar capacitación afuera de las fronteras a los entrenadores nacionales.
Deben abrirse las puertas a más personas honestas y capaces al frente de las autoridades deportivas. Las delegaciones de deportistas a todas las competencias tienen que ser numerosas. La empresa privada debería de contar con algún beneficio fiscal que la motive a patrocinar instituciones como el Comité Olímpico, que está trabajando eficientemente y mostrando buen desempeño.
Además, los atletas destacados deben de tener un incentivo económico y el justo reconocimiento por sus triunfos para promover en el país una cultura de ganadores. Es importante competir, pero también es importante ganar. Esta es la razón de ser de una competencia.
El país necesita unirse y el deporte es una plataforma ideal para hacerlo. Un Gobierno visionario debe de colocar al deporte como eje estratégico de su gestión. Al hacerlo, se contaría con la base necesaria para que con el esfuerzo de las instituciones deportivas, dirigentes, entrenadores, atletas, empresa privada y sociedad civil, se impulse el deporte como un motor de desarrollo social y catalizador de nuestra identidad nacional.
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