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La esperanza para la seguridad pública
La semana pasada compartí una agradable conversación sobre la criminalidad en El Salvador con Napoleón García y otros integrantes de Censura Cero, un grupo de jóvenes universitarios que dedican parte sustancial de su tiempo a propiciar espacios en los que su generación pueda conocer y opinar sobre temas coyunturales que afectan el rumbo de la sociedad salvadoreña. Censura Cero no está sola, existen otras iniciativas similares, como JuntosXES, YaBastaSV e IndignadoSV, organizadas también por jóvenes que buscan la inclusión de sus pares en el debate nacional sobre tópicos importantes.
Además he tenido el gusto de interactuar con personas como Emilio Orellana, Rocío Montes y Sofía Fratti de Xpressate.net y Sergio Rodríguez Ávila de Mediolleno.com.sv, jóvenes que están involucrados en proyectos un poco más estructurados, pero siempre centrados alrededor del uso de la tecnología para promover y facilitar la participación de su generación en el debate del acontecer nacional.
Después de darle seguimiento a estas iniciativas y platicar con algunos de sus protagonistas, puedo asegurar que existe un innegable sentimiento de solidaridad, civismo y responsabilidad implícito en su franca intención por propiciar y contribuir a la construcción de un mejor país. Esto hace que la esencia de sus proyectos tenga el potencial de influenciar, de forma significativa y positiva, la criminalidad en El Salvador. Si estos jóvenes logran contagiar a suficientes miembros de su generación y las que le siguen, de su actitud propositiva y constructiva, y de su desinteresado e inamovible compromiso por mejorar su entorno, podrían lograr combatir y vencer la actitud egoísta, agresiva, destructiva y antisocial que promueven las pandillas.
La semana pasada leí un excelente artículo en Xpressate.net titulado: "Vale la pena", escrito por Marta Mena. La joven profesional, en su editorial, motiva precisamente a que la sociedad salvadoreña adopte un cambio de actitud, que los ciudadanos aseguremos el progreso colectivo de El Salvador a través de una conducta individual ejemplar, apegada a la honestidad, el trabajo arduo, el cumplimiento de nuestro rol familiar y el compromiso con el avance de la nación. Escritos como el de Marta son prueba fehaciente de que su generación --que muestra un relativamente alto nivel de consciencia ciudadana-- tiene la capacidad de neutralizar los efectos negativos generados por la operatividad pandillera, la cultura de violencia e ilegalidad, y las consecuencias del artificial y nocivo abordaje oficial de la seguridad pública.
Este cambio de actitud ha demostrado ser un elemento clave en las estrategias antidelincuenciales con efectos duraderos y sostenibles. Su ausencia limita a que cualquier resultado positivo esté en función de la adaptabilidad de la mecánica delictual.
La admirable actitud de estos jóvenes debe de protegerse a toda costa, para que permanezca genuina y pura. Algunos tratarán de aprovecharse maliciosamente de su entusiasmo e ideas frescas, con fines mezquinos de beneficio personal, apoyando hipócritamente sus opiniones y poniendo así en peligro su integridad y, por lo tanto, su duración e impacto. Analistas obsoletos, farsantes, vendidos y/o ignorantes, percibirán las francas e informadas opiniones de los jóvenes como una amenaza para su oscura forma regular de operar o un riesgo que dificultará cumplir las exigencias de sus patrocinadores. Entablar debates o cualquier tipo de intercambio con este tipo de personas, además de ser un gasto de tiempo sin sentido, tiene el potencial de desviar a los jóvenes del ejemplar rumbo que se han trazado.
Después de leer el artículo de Marta Mena es evidente que la nueva generación sabe quiénes debe evitar y qué necesita hacer para cambiar este país. Esto tiene que llenarnos de esperanza y optimismo, pero también nos confiere la enorme responsabilidad de contribuir para que esa nueva actitud ciudadana no sea adulterada y su impacto se convierta en algo potente y permanente.
*Máster en Criminología
y Ciencias Policíacas.
Twitter:@cponce_sv
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