OTROS EDITORIALES

El trabajo intelectual serio y honrado va más allá de la ideología

Por Ricardo Chacón * Sábado, 6 de Octubre de 2012

Lo más seguro es que muchos no saben quién es, ni han leído algún trozo de la amplia obra de Eric Hobsbawm; es más, me atrevo a decir que ni los mismos marxistas de "formación", incluso los de "hueso colorado", que se dicen además, políticamente comunistas, conocen o saben de la obra de este historiador inglés, quien falleció a los 95 años el pasado lunes, después de una larga enfermedad.

La muerte de Hobsbawm ha impactado al mundo intelectual, en particular al de la historia, dado que este hombre, de origen judío, nacido en Egipto, pero ciudadano inglés, formuló una interpretación de los siglos XIX y XX, basado en una rigurosa documentación histórica, como pocos lo han hecho, convirtiéndose en uno de los autores contemporáneos más influyentes.

La relevancia de su trabajo historiográfico, a nivel mundial, se lleva a cabo no obstante que este hombre, vivió y murió marxista, comunista e incluso estalinista, calificativos que no le quitan ni un ápice al rigor intelectual que aplicó para conocer e interpretar la realidad social de los últimos siglos.

Interpretó la historia desde el punto de vista de la teoría marxista, pero no para hacer apologías de la barbarie (aunque su corazoncito, por momentos, trataba de justificar, por ejemplo la matancinga estalinista), sino para intentar conocer el entretejido social complejo de los siglos propios de la industrialización.

Es probable que, tal como lo señala el estudioso español, José Domínguez Martínez, Hobsbawm sabía que mucho de lo que Marx escribió está obsoleto en la actualidad y, parte de ello, no es o ya no es aceptable ni material ni intelectualmente, sin embargo "estima que hay una serie de características esenciales en su análisis que siguen siendo válidos y relevantes: de un lado, el análisis de la dinámica global del desarrollo capitalista y su capacidad de destruir todo lo anterior; de otro, el análisis del mecanismo de crecimiento capitalista mediante la generación de contradicciones internas".

Santos Julia, en un escrito publicado en "El País", plantea que Hobsbawm, no obstante su minucioso e influyente trabajo historiográfico, no logró analizar críticamente como lo hizo con el capitalismo, la invasión comunista a Hungría, las carnicerías estalinistas o la caída de la Unión Soviética. "Nunca quiso reflexionar sobre el hecho, evidente por lo demás, de que el comunismo desde el poder, había liquidado aquel lenguaje empírico, aquella mirada desde abajo, aquella herencia radical y aquel impulso marxista a los que debió, por partes iguales, su grandeza como historiador".

Sin embargo, y esto es lo grande de este historiador y lo dice claramente José Domínguez Martínez: "No siempre es lo más útil encontrar las respuestas a los problemas que nos preocupan, sino poder desarrollar la capacidad para formular nuestros propios interrogantes. En este sentido, la aportación de Eric Hobsbawm es verdaderamente impagable y constituye un auténtico arsenal de enseñanza para marxistas y no marxistas".

Permítanme señalar un par de puntos en este contexto: uno, el pensamiento crítico, sobre todo el que se dice marxista, seguidores del materialismo histórico, no sólo tiene una teoría caduca sino además sus defensores no han "avanzado" y han sido incapaces de entender la nueva sociedad del conocimiento; por otra parte muchos de sus "artilleros" se han quedado a repetir las caricaturas de los teóricos del marxismo de los años Sesenta y Setenta del siglo pasado.

El repetir frases estereotipadas, extraídas de "El capital" y aplicarlas a la compleja dinámica de la situación económica del país, enturbian el análisis social serio de nuestra sociedad, como también tensan la situación política, sobre todo cuando se trata de analizar las contradicciones internas y externas, llevándolas a la lucha entre pobres y ricos, concepción apegada a la "lucha política de calle", pero alejadas en su totalidad de un análisis serio que lleve a comprender los problemas con la idea de darles solución.

Qué alejados estamos en nuestro medio de potenciar el trabajo intelectual serio, ajeno a los clichés propios de la lucha política; qué alejados estamos de alcanzar la tolerancia de creer, de una u otra manera, pero ser lo suficientemente honrados para analizar y buscar solución a los graves problemas que plantea la realidad.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

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