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Los sindicatos
La libertad de asociación es uno de los derechos fundamentales de los individuos. Su garantía permite aglutinarse en gremios a los empresarios y en sindicatos a los trabajadores. Ambos tienen como última instancia, si no logran resolver un conflicto de manera pacífica, la posibilidad de acudir a otros mecanismos de presión como los paros empresariales o las huelgas laborales.
El sindicalismo presenta importantes avances en El Salvador. Constitucionalmente se protege la libertad de los trabajadores para asociarse tanto en el sector público como en el sector privado. Con el mismo rango se les concede el derecho de negociar contratos colectivos para establecer por un plazo determinado las diferentes prestaciones sociales, el salario, los aumentos, las vacaciones y todo tipo de reivindicación permitido por la ley. Cuando este tipo de negociaciones afecta el equilibrio presupuestario, el Ministerio de Hacienda está obligado a rechazarlo.
Tras la ratificación en 2006 de los convenios 87 y 98 sobre la libertad sindical y la negociación colectiva impulsados por la OIT, el número de sindicatos en el sector público se ha multiplicado exponencialmente. Previamente el derecho lo detentaban únicamente los empleados en las empresas privadas y los de las instituciones oficiales autónomas.
En el caso de los servidores públicos, la reglamentación para la constitución de sindicatos se incorporó en la Ley del Servicio Civil. Es en este ordenamiento donde se establecen los requisitos para su creación, las atribuciones de sus órganos de dirección, los mecanismos para la toma de decisiones y las condiciones para que los contratos colectivos que suscriban con el Estado tengan plena validez. La Subsecretaría de Gobernabilidad de la Presidencia de la República ha propuesto sustituir esta legislación por la ley de "la función pública".
Esta iniciativa pretende el establecimiento de una verdadera carrera administrativa, desplazando los favores partidarios por el ingreso de empleados y funcionarios que respondan a una evaluación plena de sus méritos y logros académicos y profesionales. En el capítulo correspondiente a los sindicatos de los servidores públicos, el proyecto mantiene la votación secreta para las elecciones de los dirigentes sindicales y agrega como uno de los elementos de obligatorio contenido de los estatutos, el de la "época y forma de presentación y justificación de las cuentas sindicales".
Ambos elementos fortalecen el sindicalismo porque introducen la secretividad del voto para la designación de sus autoridades y la transparencia en el uso de los recursos financieros. La reforma laboral impulsada por el presidente Felipe Calderón en México se orienta, en parte, al logro de esos dos objetivos. Curiosamente los poderosos sindicatos mexicanos se han opuesto rotundamente a democratizarse y a mostrar sus estados financieros. Este debate sacó a flote un escándalo provocado por la hija de un alto dirigente sindical, que mostraba en su página de facebook las fotos de sus viajes, cenas y carísimas bebidas embriagantes que consumía con sus amigos. El salario de su padre, según los medios de comunicación del país azteca, apenas alcanzaba para el pago de una de las suculentas cenas de su primogénita.
De manera similar a una gremial empresarial que exige al Gobierno austeridad en el gasto, incentivos para la inversión, seguridad jurídica y políticas públicas para la generación de empleo, los empleados reivindican sus derechos en el estrato que les corresponde. Piden salarios acordes a la inflación, prestaciones para su familia y la garantía y estabilidad de sus puestos de trabajo. Con frecuencia olvidan que la retribución debe fijarse sobre la base de la eficiencia, la eficacia, la productividad y la calidad de sus servicios.
El problema no está en esos reclamos. El verdadero atolladero se encuentra en la manipulación política de los sindicatos, en su falta de identificación con la visión de la empresa o la institución pública para la que laboran y en la brecha que separa los intereses de la dirigencia con el del resto de los miembros de las organizaciones de trabajadores.
Esas contradicciones, más la falta de transparencia de sus finanzas y la democracia en la elección de los mandos sindicales, genera un círculo vicioso que desprestigia las legítimas aspiraciones del sindicalismo. Su evolución requiere de liderazgos comprometidos con el desarrollo nacional. No se puede aspirar, como en el caso alemán, a que los empleados compartan sillas en las juntas directivas de las empresas, si cuando se les habla de flexibilidad laboral y de productividad, la respuesta es el anuncio inmediato de una huelga laboral. Tampoco es posible soñar con una clase trabajadora eficaz, si las empresas y el Gobierno evaden capacitar a los empleados, retribuirles de acuerdo al costo de la vida y fomentar mejores prestaciones sociales para su grupo familiar.
* Columnista de El Diario de Hoy.
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