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¿Y entonces?
¡Qué terrible la complacencia que nos embarga! Las semanas y los días pasan sin que se note una dinámica política y social que nos ayude a avanzar. La elección del Fiscal General sigue entrampada. El debate fiscal entre el Gobierno y sus detractores está lleno de medias verdades. Las comparaciones con el pasado continúan marcando la pauta: "fuimos mejores o somos mejores o ese presidente no fue de nuestro partido o…" Y encima de todo, la campaña presidencial adelantada.
Una de las cuestiones más importantes de un presidente no es sólo ganar las elecciones. También es vital saber cómo terminar su gestión. El presidente Funes todavía puede optar por terminar su gestión con iniciativas de consolidación de la democracia y de transformación de la dinámica de la econmía nacional. No puede ser que un presidente que nos ofreció una forma diferente de hacer política use sus últimos meses para ser parte de la campaña electoral.
Pareciera que su preocupación por garantizar que su legado de medidas sociales compensatorias se mantenga lo está llevando a la confrontación. Y hay espacio para el acercamiento, aunque la derecha continúe cometiendo el error de pensar que toda medida social es populista e innecesaria. Obviamente algunos de estos sectores necesitan conocer más de cerca la realidad de miles de familias de nuestro país, necesitan recorrer las inhóspitas e inseguras veredas de las colonias marginales de nuestra ciudad capital.
Hay espacio para el acercamiento. Hay líderes empresariales y líderes de la derecha política que comprenden perfectamente lo crítico de estas medidas. Obviamente en una situación fiscal apretada es importante conciliar de dónde sacamos más recursos y cómo reducimos más los gastos. Por ejemplo, no podemos continuar permitiendo excesos como los del Poder Judicial. Su anterior presidente quiso tomar medidas para favorecer la contracción del gasto, sólo para encontrarse con la férrea oposición de los que indebidamente gozaban de dichos privilegios. ¡Y ahora se recetaron el bono de premio a la desfachatez!
Hay espacio para el acercamiento, pero se requiere voluntad política y decisión de poner primero los intereses del país. Aunque haya sectores que posiblemente prefieran una crisis fiscal grave antes de las elecciones para favorecer resultados, hay otros que ponen adelante los intereses del país. El Ejecutivo está llamado a confiar en el liderazgo de estos políticos y en su capacidad de convocatoria para conformar una fuerza de cambio que nos permita enfrentar la situación del país en su integralidad.
Dejemos de hacer política electoral desde la función pública. No sólo hay que decirlo, sino que debemos dar el ejemplo fomentando una alianza con todos en beneficio de nuestro país. ¿Habrá otros intereses que riñan con este deseable objetivo? ¿Estarán los políticos demasiado motivados a buscar otros objetivos y no la restauración de la economía del país? Necesitamos generar inversión, trabajo masivo y un crecimiento que nos permita atacar de frente la pobreza.
El único camino que en el largo plazo garantizará la superación de la pobreza es el desarrollo económico. Tal desarrollo siempre generará inequidades y la función pública debe mitigar estos efectos negativos y potenciar su compensación a través del gasto corriente y la inversión. Lo que no debemos seguir haciendo es hundiéndonos en el pantano del déficit, gastando mucho más allá de lo que podemos sin compensar con verdadero crecimiento.
Enlodados ya todos estamos. Unos respirando apenas. Otros con mayor holgura. Y ya no es tiempo de seguir discutiendo de quién es la culpa. Es el momento de saber a quién recordaremos por haber liderado este nuevo proceso y por haber dado los primeros pasos en el camino de construir un El Salvador nuevo, en paz y en progreso.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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