La normalidad de la corrupción

Por Juan Valiente* Martes, 25 de Septiembre de 2012

Hace pocos días conversaba con funcionarios públicos sobre las alternativas que tenía el Presidente Funes, para enfrentar de alguna manera la crisis fiscal que tenemos como país. Y la primera opción que salió a la discusión fue la compra de diputados. En el instante no reaccioné y solamente escuché que las cifras parecían haber ido en aumento de quinientos mil a dos millones de dólares. Para ser franco también se mencionó que había otras alternativas: aceptar las medidas de ajuste que nos imponga el FMI o negociar un pacto fiscal.

Me ha tomado casi una semana lograr formular el desagrado que he sentido desde entonces. ¿Comprar diputados? ¿Cómo habremos llegado tan bajo en la política nacional? No deseo elucubrar sobre si efectivamente el Presidente estará siquiera considerando semejante barbaridad. Sólo deseo reflexionar sobre cómo la realidad de corrupción y fraude inunda de tal manera nuestra sociedad que consideramos como alternativa algo tan nefasto.

Si el CD votara con el grupo del FMLN-GANA-PES-CN, sólo necesitarían 5 diputados. Si no, deberían comprar 6. El bloque cuenta con 50 diputados y necesitan 56 para aprobar los préstamos y la elección del Fiscal General. Da tristeza que en nuestro querido país se hable de compra de diputados como si estuviéramos hablando de comprar mangos. La violación de las mínimas normas que la democracia exige debería ser un crimen que impida a las personas involucradas volver a ejercer cargos públicos.

En este contexto, los incipientes intentos por fortalecer la democracia participativa a través de la libertad de criterio de parte de nuevos diputados se ven con muchísimo recelo. Existe ahora el riesgo de comprar y afectar votaciones sin que los diputados cambien de partido. En Estados Unidos, como en otras democracias, tampoco se está exento de problemas de corrupción.

El término "pork" (cerdo) se refiere a la adjudicación indebida de proyectos gubernamentales a los distritos o estados de los congresistas de los Estados Unidos. Aunque los investigadores utilizan este término técnico para referirse al control legislativo de las adjudicaciones locales, en la política electoral se usa de manera negativa, pues demuestra el supuesto canje de votos de funcionarios por compensaciones a los ciudadanos que representan en los lugares donde viven.

Como ven no sólo aquí tenemos problemas de corrupción y fraude. Sin embargo, no en todos los países se habla como si fuera normal la compra de diputados. Este es un tema que debería avergonzarnos. Y aquí no sólo no se avergüenzan, sino que se exhiben como los más listos. A veces ya no sabemos ni cómo empezar para reincorporar valores como la honestidad dentro del ejercicio público.

Una forma sería negarse rotundamente a las prácticas del pasado y promover activamente aquellas que ejemplifiquen al funcionario decente. Pido al Presidente Funes convocar a las fuerzas sociales, productivas y políticas para concertar un pacto fiscal. No es tiempo de estar ordenando cortes al suministro de ANDA. El problema de deudas entre instituciones es complejo y el caso de la Alcaldía de San Salvador no es el más relevante. Hay que dejar a los representantes institucionales resolver dichos problemas dentro del marco legal.

El Presidente de la República debe liderar el esfuerzo de reconstruir el país. No es posible que permitamos que nuestro país se deslice poco a poco hacia ese precipicio de vacío moral, donde todo es permitido: la guerra sucia, el irrespeto a la institucionalidad, la prevalencia de campañas anónimas de desprestigio. El Presidente debe liderar este cambio y una posibilidad urgente es la construcción del pacto fiscal, que únicamente podrá llevarse a cabo si comenzamos a identificar los que nos une y no lo que nos distancia.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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