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De principios y de criterios
Hace un poco más dos décadas le pregunté a mi jefe en Washington D.C., la razón por la cual el proyecto político al que él pertenecía no realizaba mayor esfuerzo por llevar para la siguiente elección el mejor perfil posible para candidatos a diputados. Respuesta: a algunos ahí (refiriéndose a la cúpula partidaria) no les gustan "los señoritos" (el criterio independiente). Al meditar su respuesta comprendí que estábamos en guerra --el proceso de paz recién iniciaba-- y que tanto ARENA como el FMLN procedían de una estructura vertical, cuyo origen tuvo lugar por y para la guerra. Más de veinte años han pasado desde entonces y quizá ahora comprenda un tanto más la política que en ese momento.
Le doy desde la década de los Ochenta seguimiento a diario a la política estadounidense, y respeto criterios independientes como los de los senadores McCain, republicano, y Lieberman, demócrata que se declaró independiente y continúa en esa calidad. Obvio es que resulta más fácil tener criterio independiente e incluso ser senador o congresista independiente en una democracia consolidada, donde se responde a los electores y hay en la sociedad mayores niveles de transparencia y en donde a nadie se le ocurre vincular "cañonazos" con la independencia de criterio, que en las que luchamos por fortalecer y consolidar la democracia.
A ese respecto creo que lo mejor que nos ha pasado en las dos últimas décadas en cuanto a la elección de diputados respecta ha sido la figura del voto por rostro que por primera vez tuvimos en la pasada elección de marzo. Lo creo porque a pesar de que es mucho el recorrido que nos falta para responderle en debida forma a los electores, fue un buen primer paso en la dirección correcta. Creo en los partidos políticos, vehículos de participación según nuestra Constitución, y en la lealtad que se le debe tener a la bandera por la cual se corre y se obtiene una diputación; en lo que no creo es en que sean las cúpulas partidarias las que en esencia vinieran decidiendo quiénes tenían asegurado asiento y quiénes no.
Cuando el río suena, piedras lleva, dice la sabiduría popular, y se ha oído mucho hablar de supuestas "tentaciones" a las que estarían siendo expuestos diputados a la Asamblea Legislativa, tema de los que más se han mencionado durante la presente semana. Si de criterio independiente es de lo que hablamos pues los ciudadanos lo veríamos bien como sucedió con el voto del coronel Sigifredo Ochoa Pérez en la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, cuando argumentando votar por su conciencia dijo que no podía votar por ciertos magistrados, saliéndose de la línea partidaria o para decirlo mejor: de lo que acordó ARENA en la mesa de negociación.
Estando el país en una coyuntura crítica -- así lo están mostrando las finanzas públicas y la reducción de la inversión--, lo que se requiere es una discusión a profundidad, de respeto mutuo al contrincante, que lleve a la toma de decisiones y acuerdos entre las fuerzas mayoritarias, que es por lo que votó la población el pasado marzo, en la más clara búsqueda de pesos y contrapesos; es acá donde la lealtad a los principios y el criterio deberían ser utilizados a la búsqueda del bien común. Además de observar, la ciudadanía necesita lo mejor de nuestros representantes políticos, pues se vuelven obvias las penurias cotidianas que vive la gente. El país necesita construir, no seguir destruyendo confianza.
*Director Editorial de El Diario de Hoy.
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