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Cuando el BlackBerry no existía
La banda de los 40 metros era una Babel. Allí se comunicaban las guerrillas izquierdistas de El Salvador, Guatemala y Colombia; la Contra nicaragüense, radioaficionados de todo el mundo, narcotraficantes colombianos y radio-operadores del ejército salvadoreño, dedicados a entorpecer las comunicaciones del enemigo. .
En no pocas ocasiones se entablaron acaloradas discusiones entre guerrilleros salvadoreños y "Contras" nicaragüense, que terminaban en un rosario de insultos de ida y vuelta. Bastaba mover un poco el sintonizador de canales para escuchar a los miembros de algún cartel de la droga diciendo que "vea hermano, por allí le está llegando el asuntico que habíamos quedao, recójalo y que la virgencita me lo cuide mijo".
En el puesto de mando uno podía escuchar "en directo", como si se tratase de la narración de un partido de fútbol, los pormenores de un combate. Se hablaba de manera abierta. "Pino avance por la ruta de la cueva y vuéleles pija, que por el otro lado va Campana con todo", decía un mando guerrillero. "Enterado" respondía el jefe de la unidad en combate. A lo lejos se escuchaba el tiroteo.
De pronto por los PRC-77 se escuchaban a los radio-operadores del ejército: "Veneno, dice mi charly que tenga cuidado a sus dos y cuarto que por allí van los terengos". "Afirma, afirma, apóyeme con el 81", decía el otro, y a los minutos se oía el estruendo de la artillería.
Lo que muchas veces era un calvario para nuestros radio-operadores o radistas como les llamábamos, eran las interferencias del ejército. Justamente cuando estaba una de las radistas, generalmente mujeres, transmitiendo un mensaje en clave, aparecía una voz, que comenzaba a interferir: "Qué tal mamacita ¿cómo has estado?, ¿por qué no dejás de andar comiendo vacas y te venís a vivir conmigo, mi amor? Esos comandantes ni se van acordar de vos si algún día llegan a ganar… veníte mi amor".
Cuando el radista era un varón, la estrategia cambiaba: "Piricuaco hijo de sesenta mil…, ya sabemos dónde estás, cuando te agarremos te vamos a hacer picadillo la lengua…" y así por el estilo. A veces, como interferencia, ponían musicón de cantina o sonidos estridentes. El objetivo era entorpecer la fluidez de las comunicaciones. Para burlar la interferencia los radistas cambiaban de canal, pero al poco tiempo llegaba el interceptor con la música, la puteada o la cuenteada.
Con el correr de los años los radio-operadores de uno y otro bando llegaron a conocerse por el timbre de la voz. Hubo, incluso apasionados romances entre alguna muchacha de Morazán con alguno de Guazapa, todo era a través de la radio. Entre los operadores de ambos bandos se desarrolló una extraña empatía. Incluso los radistas guerrilleros comenzaron a hablar como los del ejército y viceversa. Hasta se saludaban casi cordialmente, antes de empezar con las transmisiones y las interferencias.
Había un radio-operador del ejército que tenía el indicativo de "Viejo tren", uno de los más persistentes por cierto. Platicaba con los radistas guerrilleros de lo cara que estaba la vida últimamente y de lo que pensaba hacer cuando terminara la guerra. A veces los radistas nuestros le decían: "Mirá ´Viejo tren´, sólo dame un tiempito para pasar este mensaje y después seguís". "Va, pues, pero sólo cinco minutos", respondía.
Un día, sábado por la tarde, "Viejo tren" comenzó a poner música de los Miramar y de los Bukis y a gritar: "Hoy estoy decepcionado piricuacos, la vida no vale nada", repetía a cada momento. Parecía que se había echado sus dos que tres. "¿Qué te pasa?", le preguntó Albertico, nuestro radista. "Se me fue la mujer con un sargento del DM-3", confesó en un arranque de sinceridad. Y luego, entre canción y canción, soltó una sentida perorata sobre la perversión natural de las mujeres y la dureza de la guerra.
Albertico lo escuchó con atención y le expresó algunas palabras de consuelo. Después apagó el radio y me dijo en tono de solidaridad: "Es duro estar perdiendo la guerra, pero debe ser más jodido perder la mujer… pobre "Viejo tren".
*Columnista de El Diario de Hoy.
marvingaleas@grupo5. com.sv
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