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"La libertad nació sin dueño…"
Cuenta la leyenda griega que un monstruo gigante llamado Quimera, con tres cabezas --una de león, otra de chivo y una más de víbora que escupía fuego-- amenazaba una comarca, por lo que el príncipe Belerofonte, héroe de numerosas batallas, fue llamado a combatirlo. Pero para vencerlo necesitaba al caballo con alas Pegaso.
El apuesto joven fue a buscarlo a las montañas de Helicón, pero no lo encontró sino en la fuente de Pirene, a la cual bajaba el corcel a beber agua; se le acercó sigilosamente y en un descuido le puso la brida y lo montó. El animal alzó vuelo de inmediato, mientras Belerofonte sujetaba la brida con todas sus fuerzas y luchaba contra el viento para no caer al vacío.
El príncipe se mantuvo asido al caballo, logró someterlo y cuidarlo, pero no le fue fácil domarlo.
Cuando llegó el momento de enfrentar a la Quimera, Belerofonte se compadeció de Pegaso y le dijo que era cruel e injusto que tan bello y brioso ejemplar muriera presa de esa bestia. En seguida lo soltó y Pegaso remontó vuelo hasta perderse en el infinito. El joven guerrero se dispuso a enfrentarse a la Quimera, pero cuando se sintió más solo, desde el cenit fue apareciendo Pegaso hasta llegar a él. "¡Regresas a mí!", exclamó el príncipe con júbilo. Belerofonte montó a Pegaso y con su espada y flechas logró sortear los embates y chorros de fuego que escupía la Quimera, hasta cortarle las cabezas. Maltrechos y con quemaduras, Belerofonte y Pegaso regresaron victoriosos.
Un canal del cable tenía antes como lema que "Lo bueno siempre vuelve" y la sabiduría popular enseña que "si amas algo, déjalo libre; si regresa es tuyo, y si no regresa, nunca lo fue…".
Nuestros aventados abuelos nos inculcaron que "lo que es de uno, es de uno, y nadie se lo quita", incluso el día de la muerte.
Pero todo, principalmente preservar nuestra libertad y tomar las mejores decisiones, requiere una dosis de esfuerzo y dedicación. Saber reconocer las oportunidades cuando llegan y no dejar que se vayan, sino aferrarse a ellas.
Muchos cómodamente tienden a pensar que si algo no sale como nosotros queremos es porque Dios así lo quiso, pero realmente esto es sólo buscar disfrazar o disculpar nuestra falta de visión y esfuerzo.
Sí, es importante saber medir los tiempos y en qué momento hacer o decir algo, tener olfato y arrojo para proceder en la ocasión oportuna, pero también para saber esperar. Un trabajo, un carrera, una beca, un compromiso, tantas cosas necesitan nuestra decisión meditada y certera o nuestra paciencia.
Sin embargo, también es válido pensar en algunas ocasiones que si algo no está en el plan de Dios para nosotros o puede resultarnos dañino, no sucederá, claro si nosotros nos dejamos llevar por Él, que, al igual que Belerofonte con Pegaso, no nos oprime ni se nos impone, sino que nos da la verdadera libertad.
Bien dice Silvio Rodríguez que "la libertad nació sin dueño, ¿y yo quién soy para robarle cada sueño?".
*Editor Subjefe de El Diario de Hoy.
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