OTROS EDITORIALES

Independencia de El Salvador, Francia y EE.UU.

Por Carlos E. Mena Guerra* Jueves, 13 de Septiembre de 2012

Son 191 años de independencia del yugo español. "Estos días de septiembre debemos adornar con banderas nuestros hogares, parques y centros comerciales, enseñar a nuestra familia el valor de la independencia y la unidad nacional. Este año debe ser aprovechado para sembrar en los corazones de jóvenes y adultos, el tan necesitado amor por el país, ese amor respetuoso que permite vivir en armonía, apreciar los derechos ajenos y reconocer los deberes propios". Lo dije hace un año.

En 2012 comento sobre dos movimientos independentistas de la historia, modelos de constituciones actuales: Francia y su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789, inspirada en la Declaración de Independencia estadounidense en 1776 y en el espíritu filosófico del Siglo XVIII. Esta declaración define los "derechos naturales e imprescriptibles" como la libertad, la propiedad, la seguridad, la resistencia a la opresión. Asimismo, reconoce la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la justicia. Por último, afirma el principio de la separación de los poderes del Estado.

Sirvió de preámbulo a la primera Constitución de la Revolución Francesa, aprobada en 1791. Esta declaración inspiraría, en el Siglo XIX, textos similares en numerosos países de Europa y América Latina. 17 artículos la conforman, entre ellos estos 3:

Artículo 7.- Ningún hombre puede ser acusado, arrestado o detenido, como no sea en los casos determinados por la ley y con arreglo a las formas que ésta ha prescrito. Quienes soliciten, cursen, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias deberán ser castigados; pero todo ciudadano convocado o aprehendido en virtud de la ley debe obedecer de inmediato; es culpable si opone resistencia.

Artículo 15.- La sociedad tiene derecho a pedir cuentas de su gestión a todo agente público.

Artículo 16.- Toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución.

Estado Unidos de Norte América, trece años antes, escribía la inspiradora Declaración de Independencia, el 4 de julio de 1776. De la cual comparto este breve contenido:

"Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro, y tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e igual a que las leyes de la naturaleza y Dios le dan derecho…."; "…Sostenemos como evidentes estas verdades:

-- Que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad;

-- que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados;

-- que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.

-- La prudencia, claro está, aconsejará que no se cambie por motivos leves y transitorios gobiernos de antiguo establecidos, y, en efecto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y establecer nuevos resguardos para su futura seguridad.

"Por lo tanto, los representantes de los Estados Unidos de América, convocados en Congreso General, y en apoyo de esta Declaración, con absoluta confianza en la protección de la Divina Providencia, empeñamos nuestra vida, nuestra hacienda y nuestro sagrado honor".

Ambas declaraciones de independencia, estimados hermanos salvadoreños, fueron y deben ser inspiración a nuestro país, pero de ninguna manera deben ser motivo para alentar revoluciones insensatas y utópicas en nombre del pueblo, mucho menos dictaduras del proletariado que prometen paraísos irreales.

*Militar y economista.

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