OTROS EDITORIALES

Los precios altos tienen su lado bueno

Por Daniel Olmedo* Miércoles, 12 de Septiembre de 2012

El mercado es una interacción permanente entre oferta y demanda. Los precios se forman a partir de esa dinámica.

Si respecto a un producto hay poca oferta y mucha demanda el precio tenderá a ser más alto. Por el contrario, si es la oferta la que aumenta y la demanda se reduce el precio disminuirá.

Esto pasa, pues, para satisfacer nuestras necesidades, estamos dispuestos a pagar más si el bien es escaso. Pero pagaremos menos si la oferta del producto es abundante y varias empresas compiten para ganarnos como clientes.

De manera que los precios funcionan como un termómetro que mide las condiciones del mercado.

Es precisamente por ese carácter termométrico que los precios altos tienen su lado positivo. Son luces de alerta que permiten a las empresas, consumidores y al gobierno conocer la situación real en que se encuentra el mercado y, de esa forma, tomar decisiones informadas e inteligentes.

Aquí algunos ejemplos de cómo los precios altos pueden ser provechosos:

1. Impulsan a los consumidores a dinamizar mercados sustitutos. Si los precios de un producto suben, los consumidores intentarán satisfacer sus necesidades con otros bienes sustitutos. Por ejemplo, si el precio de los taxis sube excesivamente, la gente que suele viajar por ese medio comenzará a hacerlo por buses. El mercado de los buses resultará beneficiado por el alza de los taxistas.

2. Revelan a los inversionistas dónde hay buenos negocios. Si en El Salvador los precios de un producto son sustancialmente más altos que en Guatemala, las empresas vecinas verán un buen nicho de negocios en nuestro país y se acercarán. Esto, eventualmente, podría dinamizar la competencia en el mercado, aumentar la oferta y, paulatinamente, se reducirían los precios nuevamente.

3. Indican si el mercado está desabastecido. Si los precios de un producto comienzan a subir repentinamente podría ser porque la oferta ha disminuido. Este indicador le sirve al gobierno para tomar medidas al respecto: abrir las importaciones, derribar barreras de entrada o investigar si hay acaparamiento.

4. Orientan al gobierno respecto a qué mercados pueden ser regulados. El alza de precios puede obedecer a una oferta escasa debido a un mercado monopólico u oligopólico. Si esta limitada competencia no puede subsanarse con importaciones, el Estado estaría legitimado para regular el mercado. Por ejemplo, es difícil (y en la mayoría de casos imposible) que un consumidor tenga varias opciones para elegir a la empresa que le distribuirá energía eléctrica en su casa. La distribución eléctrica suele operar como un monopolio natural. Por eso tenemos una Ley General de Electricidad y una autoridad que regula y supervisa ese mercado (SIGET).

Por eso no es prudente clamar por regulación de precios ante un corriente alcista. Cuando el gobierno mete mano y artificialmente determina a cuánto debe venderse un bien, elimina el mejor y más eficaz mecanismo para conocer las condiciones de los mercados: el precio natural.

Con precios regulados el gobierno y los privados carecemos del termómetro que nos indica la temperatura competitiva de los mercados. En un mercado con precios artificiales se actúa a ciegas; de ese modo es poco probable que se tomen buenas decisiones.

Por ello la regulación de precios debe ocurrir únicamente en casos excepcionales.

Ante una alza de precios un político puede anunciar que la solución es regularlos. Piénselo antes de aplaudir. Puede tratarse de cantos de sirena. Iniciativas de esa naturaleza no pueden aprobarse de manera precipitada. Deben analizarse técnicamente y ante el público.

Los mismos que aclaman medidas de esta naturaleza después podrían sufrir el desabastecimiento que puede provoca una injustificada alteración gubernamental de los precios.

*Especialista en competencia.

dolmedo@advise.com.sv

Twitter:@dolmedosanchez

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