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Ambos presidentes han perdido la magia
En Estados Unidos ha comenzado la campaña presidencial con las convenciones republicana y demócrata. Al escuchar primero a los republicanos, con sus mensajes de esperanza, programas concretos para mejorar la economía, con una sincera creencia en Dios y en la unidad familiar, dejó pocas propuestas a los demócratas para su convención.
A pesar de que el Gobierno de Obama se ha dedicado a tratar de eliminar a Dios de todos los ámbitos, hizo un intento de rescatar el voto cristiano, poniendo a Dios en la plataforma de la convención demócrata. Sin embargo, hubo oposición de parte de algunos de sus delegados, quienes abuchearon dicha mención a pesar de que el lema de esa nación desde su nacimiento, es "en Dios confiamos".
El cardenal Dolan cerró ambas convenciones con una misma oración en la que explícitamente se refirió a la protección de la vida de los no nacidos y la preservación de la institución del matrimonio. Llama la atención que muchos canales televisivos cortaron esta oración, que era contraria a las disertaciones que se habían escuchado. Por un lado los cristianos aplaudieron las palabras del cardenal --a pesar de la incoherencia de los mensajes anteriores-- y por el otro, muchos pro aborto y pro LGBT, posteriormente insultaron al cardenal.
Además, después de la ponencia del Presidente Obama hubo críticas sobre un mensaje sin contenido, ofertas concretas ante la grave situación que enfrenta la gran nación norteamericana, al punto de expresar que perdió la magia que tuvo cuando se dio a conocer por su retórica y muchas promesas hasta ahora no cumplidas.
En El Salvador ha pasado algo parecido. El Presidente Funes, quien ganó las elecciones por un rechazo a la corrupción del Gobierno de Saca y por haber sido muy conocido como periodista investigador critico bien preparado, ha perdido su encanto frente a los que esperaban que él iba resolver los problemas sociales, económicos y falta de seguridad. A pesar de no haber bajado mucho en su popularidad, ha crecido el descontento de los salvadoreños ante sus problemas no resueltos y una mayor polarización social.
Las encuestan señalan que las grandes mayorías consideran que el país va por mal rumbo y no ven su fututo con esperanza y optimismo. Esto es importante porque el estado de animo del colectivo nacional tiene mucho qué ver con los esfuerzos e inversiones que se harán para capacitarse, ser más productivos y salir del subdesarrollo.
A esto se le suma la incertidumbre de la institucionalidad, violaciones a la Constitución, entrega de la nuestra soberanía a organismos regionales, abusos de poder, intolerancia a criticas, ataques y hasta calumnias del Presidente a quienes no están de acuerdo con él o sus ineficaces políticas públicas.
Este mes las organizaciones pro aborto están "exigiendo" al Gobierno que despenalice el crimen de asesinar a bebés en el vientre materno. Funcionarios de este Gobierno se han pronunciado a favor de este delito, aunque el artículo 1 de nuestra Constitución defiende la vida desde la concepción. ¿Será que estos grupos esperan que también se viole la Constitución en este caso?
El pesimismo tanto en EE.UU. como en El Salvador, con sus proporcionales diferencias, es similar en sus causas, orígenes y posibles soluciones que pasan por la búsqueda de los consensos, la unidad nacional y un regreso a los valores cristianos, libertarios y democráticos tradicionales, que han demostrado a través de la historia ser la mejor vía para el desarrollo de los pueblos. Dios nos ayude a salir airosos de esta crisis.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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