Violencia de grupos y deterioro del país

Por Rodolfo Chang Peña* Martes, 11 de Septiembre de 2012

En la violencia de un colectivo desaparece la individualidad de sus miembros y las diferencias que siempre existen entre ellos se funden en una sola fuerza y el comportamiento ya no es de personas sino de la masa. Esta última es capaz de hacer cosas que ninguno de sus componentes haría en forma individual, como desafiar y enfrentarse a todos los sectores de la sociedad, incendiar un bus repleto de pasajeros o liarse a pedradas con agentes de la PNC o del CAM.

La agresividad del grupo sea espontánea como la de los aficionados que salen frustrados del estadio y se involucran en una batalla campal, como la manipulada, se han venido estudiando desde hace mucho dentro del contexto de la psicología de masas.

La movilización de masas la realizan activistas que se aprovechan de la sencillez de la gente, que se deja arrastrar cohesionados por un viaje con almuerzo, una miserable paga, una entrega de víveres y falsas promesas. Los activistas inventan culpables, elaboran argumentos sencillos que les facilitan enardecer los ánimos y crean de la nada conspiraciones.

Hace algún tiempo tuve la oportunidad de observar una marcha que nada tenía de pacifica, mientras unos portaban grandes mantas con leyendas y vociferaban consignas y frases hechas en contra del TLC, otros se dedicaban con entusiasmo a dañar la propiedad ajena y a la pinta y pega. Entrevistados dos de los montoneros, partícipes de la "gran protesta del pueblo", ninguno supo explicar el daño que causa el TLC al país.

La masa subyuga a sus componentes como si los hipnotizara, de ahí que actúa a ciegas como ha sido señalado por más de algún tratadista: "Se les señala la presa y todos corren tras ella en jauría". No razona ni tiene inteligencia analítica y puede ser del tamaño de un sindicato, una pandilla, habitantes de una zona geográfica o del tamaño de una nación como la Alemania de Hitler.

Es muy común que entre los dirigentes de masas se infiltren individuos sin escrúpulos, aventureros salidos de la nada y personajes grises que de repente adquieren protagonismo, especialmente cuando se trata de presionar por aumentos del sueldo, exigir ser tomados en cuenta en la repartición de prebendas, demandar la destitución de alguien y apoyar o rechazar acciones de contenido político o ideológico. La historia evidencia que esta clase de movimientos casi nunca persiguen objetivos que realmente benefician a la ciudadanía.

No tengo noticias de agrupaciones gremiales que se hayan tomado el INFRAMEN, como una forma de presión para elevar el nivel académico de los bachilleres. Tampoco que el STISS se tome la catedral para exigir reactivar la cirugía cardiovascular que languidece por falta de recursos. Los enmascarados que cerraron la Universidad no lo hicieron para demandar mejores laboratorios para la enseñanza, sino para forzar la admisión de los bachilleres mediocres que sacaron 3 en el examen de admisión. En esta línea de ideas también están los grupos de políticos populistas, que son capaces de todo, con tal de salirse con la suya. El ejemplo lo vimos hace algunas semanas cuando una agrupación gremial que a cambio de "treinta monedas de plata" se tomó la Corte Suprema de Justicia, rompió cerraduras y proporcionó cobertura a la instalación de un grupo de magistrados.

*Dr. en Medicina.

Colaborador de El Diario de Hoy.

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