OTROS EDITORIALES

La supervivencia del Parque Infantil de Diversiones

Por Norman Quijano* Lunes, 20 de Agosto de 2012

La historia salvadoreña ha sido constantemente asediada por el olvido. La ciudad capital ha sido el principio de muchos hechos y sitios históricos que deben ser mantenidos vivos para las actuales y futuras generaciones.

En 1892, San Salvador se llenaba de construcciones progresistas de estilo arquitectónico neoclásico francés. La ciudad se ampliaba y mejoraba de acuerdo con las tendencias de la época. Ese año se inauguró un espacio recreativo de grandes dimensiones, emulando sus similares de París o Buenos Aires: El Campo de Marte, denominado así por el dios romano de la guerra y el deporte militar.

En ese año se aprovechó, con la construcción del espacio urbano mencionado, celebrar el cuarto centenario del descubrimiento de América. Sus instalaciones en catorce manzanas incluían zonas verdes y hermosos jardines, pista de atletismo, más tarde un hipódromo y canchas de tenis. Se podía pasear a caballo y se volvió un lugar, dado sus espaciosas instalaciones, de encuentro ciudadano y actividades cívicas. También sirvió como primer aeródromo para los pioneros de la aviación nacional.

En el Campo de Marte se llevaban a cabo los desfiles militares del Día del Soldado, del 15 de Septiembre, de los festejos agostinos y las ceremonias de toma de posesión de varios jefes del Estado salvadoreño. En algunas ocasiones albergó ferias industriales y funcionó como campo de la feria de agosto.

En este bello parque se colocó por parte del Presidente Carlos Ezeta, quien ordenó su construcción, un monumento en forma de obelisco dedicado a los héroes mártires militares de las guerras contra Guatemala y Nicaragua entre 1860 y 1890, todavía existe y el pueblo lo llama "del Águila".

En 1956 el Campo de Marte pasó a ser el Parque Infantil de Diversiones por decreto de la Asamblea Legislativa y entregada su administración a la Procuraduría General de Pobres, como se llamaba entonces.

Pero debemos analizar el falso entendimiento del progreso que lleva a destruir para "construir". Primero se decretó que la administración del parque pasara al Ministerio de Educación en 1976, para entonces ya había perdido espacio con la ampliación de la 5ª-7ª Avenida llamada hoy Alameda Juan Pablo Segundo, así como la construcción de la vía que en un momento se llamó Diagonal Universitaria y que durante nuestra administración hemos denominado Diagonal Universitaria José Gustavo Guerrero, en honor a ese ilustre jurista salvadoreño.

Ya para ese entonces, estaban en proceso de construcción las instalaciones del Ministerio de Justicia, en la parte oriente del parque, mientras que, en su parte norte, se edificaba el edificio de la Fiscalía General de la República --ambos destruidos por los terremotos--. Asimismo, en el lado surponiente se edificarían el Palacio de los Deportes y las actuales oficinas del INDES. La reducción del espacio recreativo infantil fue brutal, quedó en menos de la mitad del espacio del original Campo de Marte.

En 2010, como Gobierno Municipal iniciamos un programa de ordenamiento del Centro Histórico y reubicación de las ventas informales que ahogaban el parque, el monumento del Águila volvió a ser observado y el entorno mejoró sustancialmente. Eso es lo que debe hacerse con los centros históricos y sus espacios vitales.

Pero el atentado al Parque infantil se ha planeado de nuevo. Con un "moderno" sistema de transporte colectivo, el actual Gobierno Central le quiere suprimir al parque, al menos un tercio de su pequeño terreno, con el fin construir una estación para dicho transporte. La insensibilidad e incultura de los funcionarios nuevamente se hacen presentes.

Bajo el pretexto del bien social quieren destruir otro espacio que por más de un siglo ha prestado, precisamente, el mejor bien social a los capitalinos, en particular a los niños, convirtiéndose en un espacio de diversión y educación. Dejo la palabra a nuestros historiadores y los que luchan por la preservación del medio ambiente; los capitalinos ya no podemos darnos el lujo de olvidar la historia de la ciudad, y mucho menos no debemos darnos el lujo de olvidar el bienestar infantil.

*Alcalde de San Salvador.

EL DIARIO DE HOY NO SE HACE RESPONSABLE POR LOS COMENTARIOS DE SUS COLABORADORES