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La acción ciudadana, clave para definir rumbo del país
Hay un adagio que dice: "El que no sabe para dónde va, nunca llega…", pero si queremos llegar a algún lado debemos no sólo saber hacia dónde nos dirigirnos, sino también saber con quién vamos a caminar. Tener una visión compartida de cómo se construye el futuro es un desafío crucial, ya que hemos visto en la práctica que si no es de esa manera, el resultado es un fracaso absoluto. Si queremos trabajar un esfuerzo conjunto como país y alcanzar los objetivos propuestos, no podemos hacerlo aislados y solos.
Para avanzar como país debemos en primer lugar fortalecer nuestras instituciones, trabajar por superar el flagelo de la pobreza que limita oportunidades, construir una sociedad rica en conocimientos y garantizar la seguridad a los ciudadanos, y sin duda, todo ello necesita del esfuerzo de una nación que trasciende un gobierno de turno. Requiere de un esfuerzo acompañado de una unidad de propósitos que involucre una gran mayoría.
Estamos obligados a crear consensos perdurables que den gobernabilidad a los cambios que nuestra nación requiere, para visualizar en conjunto la forma de ir resolviendo los obstáculos, para diseñar e implementar las reformas indispensables para asegurar resultados. Como ejemplo tenemos las naciones del sudeste asiático que crecen con gran velocidad, a resultas que en su momento lograron elaborar una estrategia de país, con un enfoque estructural de mejorar la educación con clara visión del rol de las generaciones futuras, y no con mentalidad sencilla regalando zapatos y uniformes.
Superar la mentalidad aldeana haciendo mejoras sustanciales en el capital humano, construyendo acuerdos que permitan un liderazgo común entre los sectores público y privado, creando una institución permanente con organizaciones representativas de la sociedad para que se cumpla con la labor de lo que se debe cumplir, y punto.
Los actores de la historia, los sectores empresariales y sindicales, así como todos aquellos que representan al resto de la ciudadanía, deben converger a plantear sus esperanzas, para que sus propuestas se conviertan en un plan de desarrollo que trascienda al gobierno de tuno, un plan evaluado año con año, con un sistema transparente de rendición de cuentas.
Al comienzo de su mandato el ex presidente Lula (referente del presidente Funes) creó un Consejo de Desarrollo Económico y Social (CES), que fue crucial para alcanzar los objetivos de carácter social. Lula comprendió que las instituciones existentes, con representaciones bien constituidas, son indispensables para consolidar conversaciones entre el sector público, el sector empresarial y los sectores sociales. Se requiere que se invierta en desarrollar esos actores para entablar un diálogo nacional social. El Salvador copió esa experiencia, pero lamentablemente con las actitudes personales del presidente se dinamitó el poder unificar y crear condiciones factibles para consolidar políticas.
Obligado es también, contar con un sólido equipo técnico que apoye a los actores políticos para lograr un dialogo informado y que permita alcanzar acuerdos realistas. Lo que cambia la calidad de conversación es la información.
El apoyo de los poderes Ejecutivo y Legislativo a este proceso resulta clave, es decir, que estos órganos actúen con independencia para llevar adelante la tarea que deben cumplir. Los ciudadanos demandan resultados, especialmente en obscuros momentos cuando les invade la desconfianza y dudas del respeto a la Constitución.
Es indispensable que las instituciones operen por consenso muy alto; al grado que, si hay un grupo que se abstiene del acuerdo con fundamentos, en general el acuerdo no se vota. Si en el país se expresan distintos grupos como el empresarial, campesino, sindical, ONG, consumidores, entre otros, y se ponen de acuerdo en algo, es muy difícil que los políticos no los escuchen.
* Columnista de El Diario de Hoy.
resmahan@hotmail.com
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