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Preservación y destrucción del patrimonio nacional, un debate por hacer

Por Ricardo Chacón * Sábado, 4 de Agosto de 2012

Hace un par de semanas estaba en la capital mexicana, en el Distrito Federal. Uno de los muchos conflictos que padece esta ciudad de más de 20 millones de habitantes, tiene que ver con el patrimonio cultural, particularmente hay una disputa entre los académicos y trabajadores de los bienes culturales y las autoridades del gobierno, que son acusadas de destruir las joyas arqueológicas "para darle paso al turismo de espectáculo".

Como parte de las protestas, los trabajadores culturales dieron "paso libre", sin cobrar a los turistas para que visitaran el "Museo Nacional de Antropología", una joya no sólo arquitectónica sino que de manera integral presenta los diferentes estadios de la cultura mexicana.

El concepto arquitectónico de este Museo tiene dos ejes fundamentales que se entrelazan: el cronológico y los desarrollos regionales, dice la literatura impresa. Del lado norte se presenta la sociedad mesoamericana, desde sus orígenes más remotos, cuando los primeros pobladores cruzaron el Estrecho de Bering, pasando por la formación de las primeras sociedades complejas en el Preclásico, el surgimiento de los grandes estados como Teotihuacán y Tula, culminando en la sala mexica, que muestra algunas de las obras más emblemáticas del arte universal. El lado sur, dice la literatura del Museo, presenta las diversas regiones culturales en que, parte del Altiplano Central, se ha dividido el área mesoamericana.

Ciertamente el Museo es una obra de arte; mientras recorría salón por salón donde se muestran las diferentes manifestaciones culturales de los pobladores mexicanos a través de la historia, se me venía a la mente la protesta de los antropólogos, arquitectos, arqueólogos, investigadores, restauradores, historiadores, entre otros, quienes han puesto el grito en el cielo porque zonas arqueológicas y edificios históricos, como en Tzintzuntzan, Michoacán, o el Fuerte de Guadalupe, Pueblo, son utilizados como "objetos de lucro y negocio", en detrimento de la investigación, conservación y conocimiento ciudadano de ese patrimonio.

El problema de fondo, al igual como ocurre en otras área de la vida social, como lo son el medio ambiente o la construcción de carreteras y edificios, tiene que ver con la conservación o la destrucción, la innovación o mantener el estatus quo…, todo cambio, guste o no, nos parezca o no, conlleva de alguna manera destrucción de lo existente, de lo hecho…, podemos llamarle transformación, cambios equilibrados, modificaciones respetando el hábitat natural… como quieran, pero lo cierto es que hay modificaciones de lo hecho, de los hechos del pasado.

Basta ver las reconstrucciones que plasma cualquier museo, lo expuesto en general, son producto no sólo de los descubrimientos históricos y sociales de la época, sino de la investigación y reconstrucción para que pueda ser admirado y conocido por la sociedad moderna. Y cuando son reconstruidos como la majestuosidad.

Este trabajo académico de reconstrucción de una u otra manera trastoca el entretejido cultural y social de lo investigado; probablemente esto no se vea tan claro cuando se trata de culturas del pasado, sin embargo su descubrimiento y por supuesto su investigación y divulgación de alguna manera modifica la realidad.

La extracción de utensilios de la época, y en el peor de los casos el robo descarado de estas obras de arte de nuestros antepasados por inescrupulosos extranjeros mercantilistas, modifican el ambiente natural…, sin embargo, deben ser "tocados" para su investigación, contrastados con otros descubrimientos y demás literatura del caso para "reconstruir" un pasado glorioso como lo fue la cultura maya, ubicada en un enorme territorio que comprende los actuales estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo en México, pero que también abarca los países de Guatemala, Belice, Honduras y parte de El Salvador.

La tentación primera, además del saqueo y el robo indiscriminado, es "transformar" esas zonas ricas, cultural e históricamente, en paraísos turísticos…, obviamente ver la integralidad de las cuestiones es importante, clave, fundamental, cuestión que conlleva claramente políticas claras, una visión de futuro y sobre todo recursos, recursos humanos, materiales y financieros. Dejar de lado la investigación para darle paso a lo mero turístico es un error, pero es más error no ver el futuro de manera integral.

En nuestro El Salvador el tema pareciera que no interesa, qué lástima, y si entra a la discusión es con visiones miopes y como todo, mezcladas con politiquería barata. ¡Qué pena!

* Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com

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